martes, 19 de octubre de 2010

El último estertor del trujillismo y el sometimiento de Angelita Trujillo

Por Aquiles Julián

“Acudí primero a mi madre, no por ser la persona más allegada y accesible que tenía, sino, por ser ella la más confiable y autorizada fuente de información acerca de mi padre. ¿Quién pudo haberle conocido mejor que ella?

Angelita Trujillo

La decisión de la Fundación “Héroes del 30 de Mayo” de someter a la justicia a la señora María de los Ángeles del Corazón de Jesús Trujillo Martínez, alias Angelita, es un paso de indudable importancia en la dirección correcta.

El sometimiento hecho en la Cámara Penal del Juzgado de Primera Instancia del Distrito Nacional por difamación e injuria cumple la promesa hecha por las instituciones patrióticas dominicanas de llevar a juicio a la hija del dictador por las calumnias con que intenta disimular los crímenes de su padre, endilgándoselos a otros, en particular a un héroe como Luis Amiama Tió.

El libelo Mi padre y yo, firmado por Angelita Trujillo, en vez de ser, como lo quiso postular el esposo, Luis José Domínguez, en una expresión absurda: “una obra de consulta académica”, contiene infundios carentes de toda prueba comprobatoria, que atacan la honra de familias y personas, sin aportar pruebas, pese a que el señor Domínguez declara que reposan en los archivos privados de Angelita”….

Bien, esta es una oportunidad de oro que se le brinda a la incriminada para ventilar responsabilidades y emplear a fondo sus “archivos privados” o, si se comprueba que carece de datos probatorios de sus acusaciones, ser condenada tanto a nivel civil como penal en reparación de los querellantes.

Acudir a la justicia, ampararse en los códigos legales, es el paso correcto. Ni renunciar al derecho ni tomar la justicia por las propias manos son conductas moralmente apropiadas. Desaprovechar la oportunidad que brinda el libelo para evidenciar la carencia de pruebas en sus delirantes afirmaciones, es desperdiciar un regalo que Dios nos pone para contribuir a la educación cívica de los dominicanos. Y enseñar cómo se dirimen los litigios y abusos en una democracia (y hay que ver cómo seres habituados al crimen aleve, a la tiranía despiadada y al empleo de matones y sicarios, claman por el amparo de las leyes y la generosidad de la democracia, cuando les conviene, como hacen Angelita y su esposo, el señor Domínguez, olvidando sus orígenes y lo que validan).


¿DE QUÉ ES CULPABLE ANGELITA TRUJILLO?

Angelita no es culpable por ser hija de Trujillo: ella no tenía, como ninguno de nosotros, posibilidad de elegir a sus progenitores. Tampoco lo es por escribir un testimonio acaramelado sobre su vida con su padre, acción a la que ella y cualquiera otra persona tiene derecho. No es perseguible por ser hija de Trujillo, el vil tirano que se impuso a la fuerza en 1930 con la complicidad de una serie de malandrines que hicieron causa común con él y nos mantuvo pisoteados por 31 largos años. Nada de lo anterior es delito. Sí lo es mentir descaradamente, calumniar e infamar sin pruebas y exculpar a su padre de los crímenes cometidos, acusando a otros, en particular a quienes actuaron para librarnos del delincuente ensorbecido que nos estranguló por 31 años.

El recurso del chantaje, implícito en la expresión del señor Domínguez de que si se abrieran los archivos privados”…, queda desactivado, pues ahora esos mismos archivos habrá que exponerlos para evitar la condena y se demostrará que no eran tales, sólo papeles inservibles, fotos envejecidas y videos saqueados a la planta de televisión oficial, lo que la incrimina en robo o complicidad por adquisición de bienes públicos robados al Estado. Al final, como vemos, termina ladrona común ¿o puede comprobar propiedad legal sobre los bienes del Estado dominicano, incluyendo los cortometrajes noticiosos, que reposan en sus manos ilegalmente?

Salvo de los oropeles y la fantasía en que sus primeros 22 años de vida transcurrieron, una vida sin equilibrio, en donde no hubo frustración, en que todos le sonreían, en que su padre utilizaba el poder del Estado y los recursos del país para mostrarle a su hija que, similar a Inglaterra, él era capaz de coronarla reina en una parodia ridícula que costó millones de dólares montar (dinero que no salió del peculio de Trujillo sino del erario público asaltado ilegalmente por ese delincuente de tomo y lomo que fue su padre), ¿de qué puede hablar Angelita Trujillo con conocimiento de causa?


ANGELITA SUPO DE LAS TORTURAS EN EL “9” Y LA “40”

Un artículo del periodista Reginaldo Atanay indica claramente que la hija de Trujillo tampoco fue tan inocente. Y ello es importante. En dicho artículo, publicado en su periódico digital, el prestigioso periodista dominicano confirma que la hija del dictador era más que consciente de las ergástulas de tortura de su padre. Sin embargo, nada de eso aparece en su libro. Ella sabía, como se lo confirmó al señor Atanay, que su hermano Radhamés iba a las sesiones de tortura ¿por qué no aportó ese dato en su libelo? ¿Cómo no escribe sobre ello?

Dado que el tirano mantuvo a su hija ajena todo lo que él pudo a la realidad criminal sobre la que asentaba su régimen, acepto que Angelita Trujillo vivió hasta el 30 de mayo de 1961 muy al margen del tipo de gobierno que su papá ejercía. Es más, podía creer con justificada razón que era un buen gobierno. ¿No decían todos amarla a ella, a su papá, a sus hermanos, a su mamá, a su abuela? ¿No tenía ella en abundancia lo que se le antojara? ¿No iban a New York a comprarle la ropa a su gusto y sin límites? Aquella vida regalada, de antojos y exquisiteces, era un cuento de hadas, sí, pero que se sostenía sobre una pesadilla de exterminio y depredación en perjuicio del pueblo dominicano. Pero ella, Angelita, de eso no tenía idea. Y eso lo acepto, lo entiendo y en nada puedo culparla por ello.

Así que cualquier opinión sobre los crímenes que Angelita posea es de oída. Y entendamos que en su hogar de Miami no es verdad que se reúnen a pasar revista a las tropelías y desmanes de Trujillo, ni reciben visitas que les cuentan los crímenes y abusos que se cometieron.

¿Qué puede explicarnos Angelita? Cuando la periodista Alicia Ortega la entrevista y le habla del caso de la heroína Tomasina Cabral ¿cuál fue la respuesta de la hija del tirano?: “Bueno no la conocía hasta ahora que usted me la está diciendo, nunca había oído hablar de ese caso hasta ahora que usted me lo está mencionando”. ¿Esa es la “investigación” que hizo para su libelo? A lo máximo que puede llegar la señora Trujillo es a hablarnos de cómo era Trujillo en el hogar. Qué comía. Qué les decía a sus hijos. Cualquier querella doméstica, cualquier opinión limitada a la vida en el hogar. Tal vez también contarnos cómo sedujo a amigas suyas aquel sátiro insaciable que no se ponía límites en sus bajos instintos.


LA VIDA CAMBIA DE LA NOCHE A LA MAÑANA

De pronto la burbuja explotó y Angelita empezó a conocer una realidad distinta, más terrible y explosiva. Matan a su padre y resulta que fueron sus amigos. Vio a su mamá llena de ira y dolor imprecar hecha una furia. Vio a su hermano mayor, casquivano y mentalmente inestable, asumir el control militar y político del país. Vio a su tío Petán maniobrar buscando sustituir a su papá y entronizarse como nuevo hombre fuerte. Vio el progresivo enfriamiento y alejamiento de la corte de adulonería que le circundaba. Y vio derrumbarse estrepitosamente el reino mágico en que ella imperaba.

Al final, vio cómo la sacaban presurosamente del país. Su mamá le explicaba cuidadosamente qué verdad ella debía creer: A su padre lo traicionaron sus amigos por ambición. Ellos que le debían todo a él, le dieron una puñalada traicionera (más bien una lluvia de balazos bien merecidos), una tempestad de balazos por los vientos sembrados y resembrados ¿podía esperar menos?

Entonces, tras la huida del país vino el construir una explicación alimentada por los resabios y rencores de la mamá, caída de diosa tutelar y gran matrona a una anciana quisquillosa y avara, que fue perdiendo el juicio sin revelar el código de su cuenta secreta en Suiza, motivo más que el amor filial, de desavenencias y malquerencias entre Angelita y Radhamés, el hermano menor que dio continuidad a la tradición delincuencial de la familia y terminó sus días siquitrillado en la selva colombiana a manos de narcotraficantes. Custodiar a María Martínez era tener la oportunidad de, en un momento de frágil lucidez, de arrancarle la clave de su cuenta en Suiza ¿lo lograron al fin?


CONSTRUIR EN BASE A CHISMES UNA EXPLICACIÓN

Y para apoyar el mito de la Era próspera, del titán fementido que levantó al país, de que todo lo importante que aquí existe lo hizo Trujillo y demás embustes (este país se hizo, arrancó en verdad, a partir de la muerte de Trujillo, antes era apenas caricatura, un relajo con niños generales, reina de papel maché y lacayos temerosos de un déspota senil), se apoyaron en el cortejo de ex-servidores que le visitaban, algunos viviendo en el exilio y yendo a rememorar y a ponchar tarjeta; otros, viajando desde acá y diciéndoles “¡Qué tiempos aquellos!”, “¡Cuánto orden!”, “¡Qué falta hace el Jefe!” y demás zalamerías para ponerse en buenas con los anfitriones: ya sabemos la extraordinaria capacidad de rebajarse, de abyección, típica de los trujillistas; son maestros de la exaltación paroxística, de la expresión altisonante, de la bajeza más ruin.

Imagínense, entonces, ese ruido aprobatorio, ese cántico embriagante, esa monserga alucinante repetida una y otra vez. ¿Tendría Angelita algún atisbo de cordura, de equilibrio, de realismo? No, ni lo tuvo durante los 22 años de princesita adorable, con toda una corte postrada a sus pies; ni posteriormente, pues era más fácil, sencillo y útil acogerse a las explicaciones tendenciosas y plagadas de odio de la madre explicándole cómo un bando de malagradecidos a los que el Jefe magnánimo limpió y enriqueció por ambición se coaligaron contra él y lo acecharon y asesinaron (“¡Ah, pero eso sí, mi hija, murió como un macho, como un hombre, peleando. Ese era tu papá” ¡Otra mentira inventada por Ramfis para disfrazar el triste final del gavilán! ¿Se imaginan ese discurso, repetido por María Martínez con machacona insistencia a su hija para que ignorara la verdad de un pueblo harto al grado de arriesgar su vida para librarse de una vez por todas del criminal que lo pisotea?)

Supongo que así también alimentó las mentes de sus hijos, contándoles una versión del hombre de bien asesinado por traidores que se alimentaron de su mano; “Todo lo que hay en ese país lo hizo su abuelo. Todo. La gente lo añora. La gente sueña con aquella Era de paz y prosperidad” y entonces hace contar a los invitados sus versiones de apoyo: “¡Dígales, cuénteles, explíqueles!” “¿Escucharon? ¿Entendieron? ¿Vieron como fue todo?” “¿Ven que no es que su papá y su mamá inventan, sino que es verdad?” Ahora imaginemos en ese escenario a los nietos del tirano presionando: “¿Y por qué no lo decimos? ¿Y por qué no hablamos? ¿Y por qué dejamos que enloden la memoria del abuelo? ¿Y por qué no les quitamos las caretas a esos traidores?” ¡Ya ustedes se imaginan ese tipo de frases con el ímpetu de jóvenes convencidos de que sus padres dicen la verdad! ¿Acaso los dominicanos que visitan la casa no corroboran esas versiones?


NO ES A QUIÉN TERMINÓ SIRVIENDO UN HECHO, SINO QUIÉN LO COMETIÓ

Claro, estoy suponiendo, generando un escenario posible, buscando mediante el recurso de la imaginación la lógica posible que originó el libelo, la Fundación, la metedura de pata de la anciana hija de Trujillo.

Algo tenía que pasar para llevarla al desvarío de buscarse su Almoina particular y ensartar aquellas remenbranzas amelcochadas, aquellos recuerdos rosas de mi adolescencia de gasa y tul, miriñaques y fiestas, amigas comprensivas y lacayos obsequiosos, todo bajo la mirada paternal de quien todo es poco para agasajar a su hija adorada junto a las explicaciones acomodaticias y mendaces que escuchó de su madre y de los lacayos que la rodearon durante todos estos años a la espera de un retorno siempre esperado y ya imposible. Y ahí, repitiendo bulos inventados, atribuciones falsas, calumnias gratuitas, sin prueba alguna porque no las tiene, simplemente porque fue lo que escuchó, con lo que la alimentaron, las explicaciones que le suministraron para entender el por qué de los sucesos, Angelita Trujillo incurrió en el error garrafal de acusar sin pruebas, de exculpar sin razón, de destapar una olla de grillos que la ha llevado ya, como anunció el Museo de la Resistencia y las instituciones patrióticas; como lo recomendó el comentarista Alvaro Arvelo hijo; como también recomendé en su momento y como la Fundación Héroes del 30 de Mayo acaba de hacer, al banquillo de los acusados.

Ella misma se incriminó de manera cándida por repetir las infamias que oyó para su consumo. Ahora se verá que los famosos “archivos privados” de Angelita de los que hizo gala su esposo, Luis José Domínguez, no son más que un montón de papeles inútiles de viejas prebendas recibidas; de los naturales pecados derivados de un régimen pecaminoso en que todos tenían que ensuciarse de una manera u otra. Es obvio que los ajusticiadores de Trujillo no eran santos. Fueron funcionarios de su régimen. Se beneficiaron de él. No pongo en duda de que incluso pueden haber estado comprometidos en acciones infames. Recibieron canonjías y todo tipo de privilegios. Sí, todo eso es verdad, pero tuvieron dentro de sus vidas serviles un acto supremo de valor que los reivindicó y los elevó a la condición de héroes de la Patria: ajusticiaron al criminal; eliminaron al tirano.

También Máximo Gómez fue un soldado al servicio del ejército español, que combatió contra los dominicanos que se levantaron en armas contra la anexión y procuraron con las temibles cargas al machete la restauración de la República. ¿Esa indignidad de servir al opresor lo hace menos digno cuando se yergue y reivindica como general de la liberación de Cuba? Sin Cuba, Gómez hubiese sido un lacayo más; sin el gesto valiente y liberador del 30 de mayo los que participaron fueran un montón más de serviles al tirano. Pero esa acción los recuperó para la Patria, los engrandeció y limpió sus historias personales de cualquier abyección anterior. Y como Gómez alcanzaron la estatura de héroes, acrecentada con su posterior martirio y la entereza con la que lo sobrellevaron.


DEBAJO DE TODO ALMOINA HAY ESCONDIDO UN BUSTAMANTE

El acto fundamental de someterla ya se hizo. Es un acto ejemplar, porque nos enseña el camino correcto frente a la afrenta, el abuso, la agresión física o moral: ni callar, ni permitir pasivamente, ni rebajarse al mismo plano ni violentar las normas y reglas de la convivencia civilizada, sino recurrir al medio que la sociedad pone en manos de los ciudadanos para la ventilación de las querellas y las justas reparaciones: la Justicia.

Es en los tribunales, en juicios abiertos, orales, contradictorios, en que las partes presentan sus pruebas, datos, testimonios, etc., en donde se tienen que brindar los elementos probatorios que respaldan y confirman las acusaciones. Y Angelita Trujillo carece de pruebas porque sólo repitió las mentiras que escuchó y que nunca se ocupó de confirmar porque descubrir la verdad es algo terrible para su equilibrio mental (no olvidemos que el desequilibrio mental es un rasgo hereditario en la familia Trujillo, que el mismo Trujillo padecía desequilibrio como lo confirma el ex –presidente Balaguer).

No es ensañarse con Angelita, es hacerla admitir que mintió porque carece de pruebas que incriminen a Luis Amiama Tió en el crimen de las Mirabal. Y ese argumento de “a quién sirvió el crimen” es bien tonto, porque peor que el crimen de las Mirabal para Trujillo fue el secuestro del profesor Jesús de Galíndez por las secuelas que provocó, entre ellas su propia muerte por la rabia y sed de venganza de Antonio de la Maza. ¿Ahora diremos que, dado el hecho de que ese secuestro desencadenó su muerte, no fue Trujillo quien lo cometió porque finalmente fue el más perjudicado del mismo? Nadie conoce el futuro y menos un tirano ensorbecido que creía que en esta finca que era el país, donde él era amo y señor de vidas, haciendas y honras, cualquier cosa que se le ocurriera le quedaba bien ¿No tenía acaso una pléyade de escritorzuelos y lamebotas que justificarían interna y externamente cualquier desmán, cualquier crimen, cualquier abuso?

Que vaya a juicio y presente las pruebas que avalan sus acusaciones; qué haga de conocimiento público sus “archivos privados”, qué demuestre lo que dice o que pague las consecuencias. Sus hijos verán ahora en qué universo de patrañas han vivido todos estos años, cuántas mentiras y embustes consumieron; qué clase de basura les rodeó. Y la sociedad dominicana tendrá la oportunidad de ver de una vez por todas como este último estertor de los Trujillo se quiebra en silencio vergonzante y termina.

Dos cosas para concluir. La primera es recordarle a Angelita que debajo de todo Almoina subyace un Gregorio Bustamante. Y decirle que el régimen de su padre fue tan sangriento que no sólo surgió asesinando sino que todavía provoca sangre y muerte, pues parcialmente se puede decir que el suicidio de su ex marido, el siniestro desertor Luis José León Estévez, se debió a la depresión que la remoción de nuevo de los siniestros expedientes de la Era y sus crímenes deben haberle provocado. Él mismo se hizo lo que la complaciente y permisiva justicia dominicana fue incapaz de hacer, y es que la justicia llega tarde o temprano, aunque sea por las propias manos.