sábado, 5 de noviembre de 2011

Carta de una profesora

de Jesús Duarte

No creo que los políticos lleguen a entenderla.


Muy buena exposición y aclaración de porqué no se debe decir presidenta, que se enteren o aprendan los políticos que para empezar a serlo deberían tener más formación.

En su Artículo I: De su definición y división, hay un párrafo que dice:


Los participios activos son de una sola terminación que conviene al género masculino yfemenino, y al artículo y pronombres neutros.


NO LO BORRES SIN LEERLO, APRENDERÁS ALGO O, MEJOR DICHO, RECORDARÁS ALGO...


Está escrito por una profesora de un instituto público.

  • CONTRA LA TONTUNA LINGÜÍSTICA, UN POCO DE GRAMÁTICA BIEN EXPLICADA

Yo no soy víctima de la LOGSE. Tengo 50 años y he tenido la suerte de estudiar bajo unos planes educativos buenos, que primaban el esfuerzo y la formación de los alumnos por encima de las estadísticas de aprobados y de la propaganda política. En párvulos (así se llamaba entonces lo que hoy es "educación infantil", mire usted) empecé a estudiar con una cartilla que todavía recuerdo perfectamente: la A de "araña", la E de "elefante", la I de "iglesia" la O de "ojo" y la U de "uña". Luego, cuando eras un poco más mayor, llegaba "El Parvulito", un librito con poco más de 100 páginas y un montón de lecturas, no como ahora, que pagas por tres tomos llenos de dibujos que apenas traen texto. Eso sí, en el Parvulito, no había que colorear ninguna página, que para eso teníamos cuadernos.


En Primaria estudiábamos Lengua Española, Matemáticas (las llamábamos "tracas" o "matracas") Ciencias Naturales, Ciencias Sociales, Plástica (dibujo y trabajos manuales), Religión y Educación Física. En 6º de Primaria, si en un examen tenías una falta de ortografía del tipo de "b en vez de v" o cinco faltas de acentos, te suspendían.


En Bachiller, estudié Historia de España, Latín, Literatura y Filosofía.


Leí El Quijote y el Lazarillo de Tormes; leí las "Coplas a la Muerte de su Padre" de Jorge Manrique, a Garcilaso, a Góngora, a Lope de Vega o a Espronceda...

Pero, sobre todo, aprendí a hablar y a escribir con corrección. Aprendí a amar nuestra lengua, nuestra historia y nuestra cultura.


Y... vamos con la Gramática.


En castellano existen los participios activos como derivado de los tiempos verbales. El participio activo del verbo atacar es "atacante"; el de salir es "saliente"; el de cantar es "cantante" y el de existir, "existente". ¿Cuál es el del verbo ser? Es "ente", que significa "el que tiene entidad", en definitiva "el que es". Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación "-nte".


Así, al que preside, se le llama "presidente" y nunca "presidenta", independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción.


De manera análoga, se dice "capilla ardiente", no "ardienta"; se dice "estudiante", no "estudianta"; se dice "independiente" y no "independienta"; "paciente", no "pacienta"; "dirigente", no dirigenta"; "residente", no "residenta".


Y ahora, la pregunta: nuestros políticos y muchos periodistas (hombres y mujeres, que los hombres que ejercen el periodismo no son "periodistos"), ¿hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por ignorancia de la Gramática de la Lengua Española ? Creo que por las dos razones. Es más, creo que la ignorancia les lleva a aplicar patrones ideológicos y la misma aplicación automática de esos patrones ideológicos los hace más ignorantes (a ellos y a sus seguidores).


No me gustan las cadenas de correos electrónicos (suelo eliminarlas) pero, por una vez, os propongo que paséis el mensaje a vuestros amigos y conocidos, en la esperanza de que llegue finalmente a esos ignorantes semovientes (no "ignorantas semovientas", aunque ocupen carteras ministeriales).


Lamento haber aguado la fiesta a un grupo de hombres que se habían asociado en defensa del género y que habían firmado un manifiesto. Algunos de los firmantes eran: el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto, el funambulisto, el proyectisto, el turisto, el contratisto, el paisajisto, el taxisto, el artisto, el periodisto, el taxidermisto, el telefonisto, el masajisto, el gasisto, el trompetisto, el violinisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto, el policío del esquino y, sobre todo, ¡el machisto!


SI ESTE ASUNTO "NO TE DA IGUAL", PÁSALO POR AHÍ, A VER SI LE TERMINA LLEGANDO A LA MINISTRA DE "IGUAL-DA".


Porque no es lo mismo ser UN CARGO PÚBLICO que UNA CARGA PÚBLICA.

lunes, 19 de septiembre de 2011

[arje] LA REVOLUCIÓN NEUROCIENTÍFICA‏

La revolución neurocientífica modificará los conceptos del yo y de la realidad

Los hallazgos sobre el cerebro podrían suponer "la cuarta humillación humana", afirma el neurocientífico Francisco J. Rubia

El pasado 10 de septiembre, el neurocientífico Francisco J. Rubia, Catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, dictó la siguiente conferencia, dentro del marco del 43º Congreso de la European Brain and Behaviour Society de Sevilla, sobre los últimos avances de la neurociencia. Según Rubia, los hallazgos realizados en este campo en los últimos años han sido múltiples y podrían producir lo que él denomina "la cuarta humillación humana", tras el final del geocentrismo, la aparición de la teoría de la evolución y el descubrimiento del inconsciente. Estos hallazgos llevarían, de hecho, a cuestionarse conceptos tan fundamentales para nuestra cosmovisión como la naturaleza de la realidad o del yo o la existencia del libre albedrío. Por Francisco J. Rubia.

Se ha dicho que la humanidad ha pasado por tres revoluciones sociales que han supuesto un avance considerable.

La primera, la revolución agrícola hace unos 10.000 años, cuando el hombre se asienta y comienza a labrar la tierra produciendo alimentos y creando las ciudades. La segunda, la revolución industrial hace unos 250 años, con la invención de la máquina de vapor y la producción de mercancías y la extensión de los mercados.

Y en nuestro tiempo, la tercera revolución debida a la creación del microchip, que dio lugar a la sociedad de la información con un intercambio de conocimientos antes desconocido.

Algunos autores consideran que la cuarta revolución será la revolución neurocientífica, que ya está invadiendo numerosas disciplinas y creando nuevas, colocando el prefijo “neuro” ante disciplinas tradicionales.

Así, hoy se habla de neuroeconomía, neuromarketing, neurofilosofía, neuroética, neuroeducación, neuropolítica y un largo etcétera. Todas estas nuevas disciplinas pretenden aplicar los nuevos conocimientos de la neurociencia a sus materias, esperando que esta aportación sirva para darles un nuevo impulso y desarrollo.

La revolución y sus efectos

Es un hecho que la declaración de la década del cerebro por el Congreso de los Estados Unidos, alentada por la Library of the Congress y por el NIH en los años noventa del siglo pasado, supuso una fuerte inyección, sobre todo económica, para las investigaciones neurocientíficas. Desde la neurobiología molecular hasta las técnicas modernas de imagen cerebral, los estudios tanto básicos como clínicos se multiplicaron, y desde entonces se han acumulado muchos conocimientos que ahora esas nuevas disciplinas pretenden aplicar.

A mi modo de entender, cuando se habla de revolución neurocientífica habría que diferenciar entre una revolución objetiva que se traduce en esos nuevos conocimientos y sus aplicaciones, y una revolución subjetiva de la que hablaremos luego y que, a mi juicio, es mucho más trascendente que la revolución objetiva.

Dentro de la revolución objetiva habría que mencionar la utilización cada vez más frecuente de las técnicas de imagen cerebral, o técnicas de neuroimagen, no sólo en el estudio de enfermedades, sino también del ser humano normal y sano, ya que son técnicas no invasivas que pueden aplicarse sin intervención cruenta alguna.

En el sistema judicial, por ejemplo, se están aplicando cada vez más esas técnicas que van a sustituir pronto a los polígrafos detectores de mentiras del pasado, ya que la exactitud de sus resultados supera a la de los detectores tradicionales, con la esperanza de que pronto será imposible engañar a los jueces y fiscales.

El presidente de la Fundación MacArthur de Estados Unidos, Jonathan Fanton, dice que la neurociencia puede tener un impacto sobre el sistema legal tan dramático como los test de ADN. Esta fundación invirtió 10 millones de dólares en 2007 en varias universidades, para entender cómo la neurotecnología impactaría sobre los sistemas legales en todo el mundo.

Y el neurocientífico Michael Gazzaniga, de la Universidad de California en Santa Barbara, afirma que pruebas neurocientíficas ya se han utilizado para persuadir a jurados a decidir sentencias, y que los tribunales han admitido los resultados del uso de técnicas de imagen cerebral durante juicios para apoyar peticiones que justificaban actos criminales basándose en la demencia de los implicados.

Neuroarmas y neurosociedad

Recientemente, en Estados Unidos se han invertido millones de dólares en universidades para investigaciones neurotecnológicas. El MIT, por ejemplo, recibió 350 millones de dólares para el Instituto McGovern de investigación cerebral y, en la última década, el National Institute of Health dobló su presupuesto, alcanzando los siete mil millones de dólares para el estudio de enfermedades del sistema nervioso.

Por otro lado, tanto empresas privadas como agencias de inteligencia están invirtiendo mucho dinero en ese intento de aplicación de los conocimientos generados en neurociencia para utilizarlos en su beneficio. El estudio, por ejemplo, de la base neurobiológica de la toma de decisiones es de suma importancia para los ejecutivos de las empresas. Y en la elaboración de los anuncios de productos y mercancías, la utilización de esos conocimientos también está adquiriendo una gran importancia.

El posible uso de los conocimientos neurocientíficos en el campo de batalla es más preocupante. Los ejércitos modernos están desarrollando ‘neuroarmas’ que pueden ir desde la eliminación de contenidos de la memoria hasta las armas neurotóxicas que pueden transformar los estados de ánimo, producir cambios psicológicos e incluso eliminar al enemigo. Recordemos lo sucedido en Chechenia el 26 de octubre del 2002, cuando las fuerzas rusas OSNAZ introdujeron un gas que mató tanto a terroristas como a rehenes en un teatro de Moscú.
Aparte de sus aplicaciones médicas, la neurotecnología está invadiendo otros terrenos, como las finanzas, la mercadotecnia, la religión, la guerra o el arte. Estamos entrando en lo que Zack Lynch ha llamado ‘la neurosociedad’.

Aún queda por conocer lo más importante

Aunque durante mucho tiempo el descubrimiento del genoma humano ha centrado la atención del público creando numerosas expectativas futuras, la neurociencia ha ido avanzando y despertando asimismo la impresión de que se avecinan importantes descubrimientos. Las técnicas de neuroimagen, los psicofármacos, las interfases entre el cerebro y las máquinas, las técnicas de estimulación cerebral, los implantes de células troncales en el cerebro o las posibilidades que se abren con la terapia génica están hoy en todos los medios de comunicación.

En algunos casos, las técnicas de neuroimagen han podido detectar idearios racistas, diferenciar contenidos falsos y verdaderos de la memoria o el contenido de algunos pensamientos. Aunque estos datos son aún muy preliminares, sin embargo ya nos están indicando por dónde se orientarán los próximos hallazgos en este campo cuando mejore la resolución espacial y temporal de las técnicas que hoy se utilizan.

A pesar de todos estos avances, no podemos olvidar lo que aún falta por saber. Hace ya siete años, once conocidos neurocientíficos alemanes publicaron un Manifiesto sobre el presente y el futuro de la investigación cerebral. En él hablaban de tres niveles distintos: El nivel superior que explica la función de grandes áreas cerebrales; el nivel medio que describe lo que ocurre en las asociaciones de cientos o miles de células nerviosas en el cerebro; y el nivel inferior que abarca los procesos a nivel celular y molecular. Según estos neurocientíficos hemos avanzado significativamente en los niveles superior e inferior, pero no en el nivel medio, cuando precisamente son las asociaciones o redes neuronales la base de los procesos mentales.

Con qué reglas trabaja el cerebro; cómo refleja así el mundo, de manera que la percepción inmediata y la experiencia pasada se fundan; cómo la acción interna se vive como su acción y cómo planifica las acciones futuras, todo esto seguimos sin entenderlo más que en sus comienzos. Tampoco está claro, dicen los neurocientíficos alemanes, cómo podríamos investigarlo con los medios de que disponemos hoy.

Aparte de esto, queda por conocer lo más importante: cómo se pasa de las descargas neuronales a la consciencia; con otras palabras, cómo es el paso de lo objetivo a lo subjetivo, algo que se considera por muchos autores el problema más difícil en neurociencia. Es el antiguo enigma de la relación cerebro-mente.

Pero todo esto, como dije anteriormente, pertenece a lo que podíamos llamar la revolución neurocientífica objetiva, mientras que lo que, a mi juicio, es más relevante es lo que denomino revolución neurocientífica subjetiva, de la que trataremos a continuación.

Una cuarta humillación

Y digo que la revolución neurocientífica subjetiva es más relevante porque va a modificar de manera considerable la opinión que tenemos sobre el mundo que nos rodea y sobre nosotros mismos. El título de esta conferencia me vino a la mente cuando releí una pequeña obra de Sigmund Freud, el gran psicólogo vienés, titulada "Una dificultad del psicoanálisis", en la que Freud hizo la reflexión de que el ser humano había sufrido a lo largo de la historia tres humillaciones importantes en su amor propio.

La primera, la de Nicolás Copérnico en el siglo XVI, que había acabado con el geocentrismo, es decir, con la idea de que la tierra era el centro del universo y de la creación. La tierra no era más que un planeta, y no de los más importantes, del sol. Hoy esta idea no sólo está confirmada, sino que sabemos que el sol no es más que uno de los millones de soles que componen una de las muchas galaxias que existen, por lo que la importancia de la Tierra ha ido disminuyendo a pasos agigantados.
La segunda humillación provino del biólogo inglés Charles Darwin en el siglo XIX, con su teoría de la evolución, que hoy nadie pone en duda excepto algunos grupúsculos cristianos creacionistas en Estados Unidos. Aunque después de más de 150 años todavía hay personas que no han asumido lo que ella significa, o sea nuestra procedencia de animales que nos han precedido en la evolución. Esto significó sin duda un gran golpe a la idea de que éramos la perla de la creación divina, que habíamos sido creados de golpe por un soplo de la divinidad, como se dice en el Génesis. Con ello, la explicación de la Biblia pasó a ser lo que es: un mito o leyenda como muchas otras.

Para Freud, la tercera humillación vendría dada por su descubrimiento, que no fue tal, del inconsciente. El inconsciente ya había sido descrito a lo largo del siglo XIX por varios médicos naturalistas románticos alemanes, pero Freud hizo de él el centro de sus estudios y le dio una importancia que otros no le habían dado. El resultado de esos estudios fue saber que la consciencia era sólo la punta de un iceberg, y que debajo del agua se encontraba una inmensa mayoría de funciones que, a pesar de ser inconscientes, gobernaban y dirigían la conducta humana. La tercera humillación, pues, era que el ser humano no era ni siquiera dueño de muchos de sus actos. Hoy se calcula que de todas las operaciones que el cerebro realiza, sólo una ínfima parte, un uno o dos por ciento, es consciente; el resto se lleva a cabo sin que sepamos que se está realizando. Con otras palabras: probablemente Freud se quedó corto.

A mi entender, nos aguarda una cuarta humillación, de la que hoy sólo vislumbramos su comienzo: la revolución neurocientífica que está poniendo en entredicho convicciones tan firmes como la existencia del yo, la realidad exterior o la voluntad libre.

Temas todos estos que tradicionalmente no han sido objeto de estudio por parte de las ciencias naturales, convencidos como estábamos que eran objeto de la teología, la filosofía o, como mucho, de la psicología. Pero que hoy sí que se cuentan entre los objetos de estudio de la neurociencia para darnos a entender que hemos estado equivocados hasta ahora cuando dábamos carta de naturaleza a determinados conceptos que muy posiblemente eran y siguen siendo fruto de nuestros deseos.

El ser humano no tiene, por ejemplo, ningún motivo para pensar en la continuidad de su persona, de su yo, que considera que es el mismo desde la cuna a la tumba, sabiendo que nada ni en su cuerpo ni en su alrededor tiene permanencia. Y, sin embargo, ¿quién nos va a convencer de que no existe ese yo que subjetivamente está tan presente como la propia realidad exterior?

Los órganos de los sentidos nos han engañado desde siempre y lo sabemos, como ya lo sabían los filósofos griegos de la naturaleza de las colonias jónicas en Asia Menor. La neurociencia moderna nos dice que ni los colores ni los olores, ni los gustos ni los sonidos existen en la naturaleza, sino que son creaciones del cerebro. Sin embargo, ¿quién no está convencido de que esas ‘proyecciones’ del cerebro no son tales y que las cualidades de los órganos de los sentidos son parte de la realidad que percibimos?

No obstante, ya en el pasado Descartes, por ejemplo, en el siglo XVII había dicho que las cualidades secundarias de las cosas, colores, sonidos, gustos, olores, etc., no existían fuera de nosotros, sino en nosotros como sujetos sintientes. Y el filósofo napolitano del siglo XVIII Giambattista Vico escribía en su libro "La antiquísima sabiduría de los italianos": “Si los sentidos son capacidades activas, de ahí se deduce que nosotros creamos los colores al ver, los gustos al gustar y los tonos al oír, así como el frío y el calor al tocar”.

Revisión del concepto de realidad

El filósofo inglés Charli Broad decía que el cerebro es como una válvula reductora que filtraba el inmenso caudal de datos que fluía desde los órganos de los sentidos al cerebro. Además, los propios órganos de los sentidos perciben sólo una pequeña parte de la realidad. Por eso, desde el punto de vista neurofisiológico, llamar realidad a lo que percibimos es completamente inadecuado y sin sentido.

Y el filósofo irlandés George Berkeley decía que sólo conocemos lo que percibimos, de manera que sus contemporáneos discutieron si cuando caía un árbol en el bosque y nadie estuviera presente para escucharlo haría algún ruido o no. Por lo que hoy sabemos, indudablemente no habría ningún ruido, ya que el sonido no es ninguna cualidad de la realidad absoluta, sino sólo de la nuestra.

La conclusión que podemos sacar de todo esto es que cuando hablamos de materia, del mundo material, parece que nos estamos refiriendo a una realidad subyacente, cuando de hecho nos referimos en gran parte a imágenes de nuestra mente.

En uno de los escritos filosóficos hindúes, el llamado Ashtavakra Gita se dice: “El mundo que de mí ha emanado, en mí se resuelve como la vasija en el barro, la ola en el océano y el brazalete de oro en el oro de que está compuesto”. Como es sabido, en los Vedas hindúes el mundo, así como el yo, son considerados maya, esto es, ilusión. Y los Vedas se remontan a unos 2.000 años antes de nuestra era.

En el Libro tibetano de la Gran Liberación, también llamado Bardo Thodol, encontramos la frase siguiente: “La materia se deriva de la mente o consciencia y no la mente o consciencia de la materia”.

Por cierto, en física cuántica se conoce que el acto de observar un fenómeno afecta a lo que se está observando, algo similar a lo que sabemos que hace el cerebro durante la percepción.

Uno de los escritores llamados constructivistas, Heinz von Foerster dice: “Objetividad es el delirio de un sujeto que piensa que observar se puede hacer sin él”. Este mismo autor llama la atención sobre el hecho de que tenemos unos cien millones de receptores sensoriales frente a unos diez billones de sinapsis en nuestro sistema nervioso, lo que interpreta como que somos 100.000 veces más receptivos a lo que ocurre dentro de nuestro cerebro que a las informaciones procedentes de los órganos de los sentidos.

El descubridor de la dietilamida del ácido lisérgico, LSD, Albert Hoffmann, fallecido hace sólo tres años a la edad de 102 años, decía: “Reconocí que todo mi mundo se basaba en mis vivencias subjetivas, que estaba dentro de mí y no fuera”.

El yo como cualidad emergente

Se han planteado tres argumentos a favor de que el yo es una construcción cerebral. En primer lugar, su ontogenia, o sea cuándo surge ese concepto en el desarrollo del ser humano. Al parecer, el niño no nace con ese concepto del yo, sino que se encuentra en la primera fase de su vida en un estado indiferenciado de fusión con el mundo, es decir, sin autoconsciencia. Es a partir de los dos años y medio o tres cuando surge esa impresión subjetiva de un yo propio que se diferencia del resto de la realidad y se enfrenta a ella. No deja de ser curioso que hablemos del yo y del mundo cuando ese yo es parte también de ese mundo.

En antropología se sabe que en comunidades humanas más primitivas se tenía una concepción de la persona o del yo esencialmente sociocéntrica, o sea ligada a la pertenencia al clan o a la tribu y, desde luego, mucho menos individualista que en nuestra cultura occidental. Algunos antropólogos consideran que el yo individualizado no es una idea innata, sino una noción que ha tenido un desarrollo histórico.

Entre los indios ojiwba, por ejemplo, una tribu de los algonquinos que todavía existe en algunas reservas, principalmente en Minnesota en Estados Unidos, el concepto que estos indios tenían de sí mismos no tenía nada que ver con el concepto occidental. No diferenciaban bien entre mito y realidad, entre ensueño y vigilia o entre humanos y animales.

El antropólogo Brian Morris es de la opinión que el yo en esencia es una abstracción y que se refiere más a un proceso que a una entidad. Mientras que el pensamiento occidental tiene un concepto del yo egocéntrico, en otras culturas este concepto es más sociocéntrico y en muchas de ellas el dualismo tradicional del yo frente al mundo está completamente difuminado.

Hay otro argumento que nos hace sospechar que el yo es una construcción cerebral. Para evitar que los ataques epilépticos que se producen en un hemisferio cerebral se propaguen al hemisferio del lado contrario por las fibras que unen ambos y que forman lo que se llama el cuerpo calloso, con doscientos millones de fibras, algunos neurocirujanos seccionaron el cuerpo calloso generando así lo que se ha llamado pacientes con cerebro dividido o escindido que fueron estudiados intensamente sobre todo en Estados Unidos.

Aparte de muchos otros fenómenos, uno de los resultados más llamativos de esta operación fue que estos pacientes tenían pensamientos independientes en cada hemisferio. El investigador que recibió en 1961 el premio Nobel por estos estudios fue el psicólogo norteamericano Roger Sperry y que decía lo siguiente: “Cada hemisferio parece tener sus sensaciones separadas y privadas, sus propios conceptos y sus propios impulsos para la acción. La evidencia sugiere que dos consciencias van en paralelo en ambos hemisferios de estas personas con cerebro escindido”.

Como vemos, Sperry aceptaba la existencia en estos sujetos de dos consciencias, una en cada hemisferio, lo que sugiere que en condiciones normales estas dos consciencias aparecen como una sola, por la predominancia de una de ellas o por la fusión de ambas.

En algunos pacientes esta situación creaba enormes conflictos, como, por ejemplo, que la mano izquierda, controlada por un hemisferio, cometiese un error y la mano derecha intentase corregirlo, o lo que es peor, que una mano abriese un cajón y la otra intentase cerrarlo. La conclusión de estas observaciones fue que en estos pacientes existían dos personalidades distintas, dos yos, con dos consciencias diferentes que se expresaban no sólo en las acciones, sino también en los pensamientos. Otra conclusión importante fue que la consciencia del yo tenía que estar ligada a las funciones de la corteza cerebral.

Esta división del yo en dos no es necesario que se produzca en los pacientes con hemisferios separados por el cirujano, La psiquiatría sabe hace mucho tiempo de casos de desdoblamiento de personalidad, como la que se describe en la película “Psicosis” de Hitchcock.

También se conoce un trastorno de personalidad múltiple que se atribuye a una violación incestuosa en edad temprana de estos pacientes. Se ha supuesto que el shock emocional que supone ser violado o violada por una persona de la propia familia puede conducir, según algunos autores, a una excitación tan grande de la amígdala, una región perteneciente al sistema límbico o cerebro emocional, que lleve a una inhibición por ésta de distintas partes del hipocampo, otra región relacionada con la memoria, generando así personalidades múltiples e independientes.

Se ha planteado la hipótesis de que todos nacemos con el potencial de desarrollar múltiples personalidades, y en el curso de un desarrollo normal conseguimos más o menos consolidar un sentido integrado de la personalidad. Algo de eso debe haber, pues si observamos el comportamiento, por ejemplo, de adolescentes normales cuando se encuentran con sus padres, con su novio o novia o con sus compañeros de juerga estos comportamientos son tan distintos que parece que proceden de distintas personalidades.

Resumiendo todos estos hechos podríamos decir que el yo es una entidad que desarrolla el cerebro como cualidad emergente, entidad con la que no nacemos, sino que se desarrolla a partir de la maduración de estructuras corticales y en interacción con el entorno, dependiendo, por tanto, de la cultura en la que la persona se encuentra.

¿Qué pasa con la voluntad?

Sin duda, nuestra civilización occidental ha acentuado enormemente esta cualidad del yo, generando individuos especialmente poco sensibles a los intereses colectivos. Precisamente por ser algo individual, que nos diferencia de los demás, también nos separa de ellos.

Otro dato que amenaza con minar la imagen que tenemos de nosotros mismos es el tema de la voluntad libre. Los datos de que hoy disponemos apuntan a que la libertad es una ilusión, una ficción cerebral. Nadie puede afirmar que estos datos sean definitivos, porque definitivo no hay nada en ciencia, pero son datos experimentales que nos dicen que no somos libres de tomar decisiones cuando estamos ante la posibilidad de elegir entre varias opciones. Antes de que tengamos la impresión subjetiva de voluntad, el cerebro se ha puesto en marcha de manera inconsciente.

Experimentos realizados con modernas técnicas de imagen cerebral han mostrado que esa actividad inconsciente del cerebro precede a la impresión subjetiva de voluntad nada menos que en seis segundos. Y, sin embargo, de nuevo la impresión subjetiva de libertad es tan fuerte que pensamos que la interpretación de los resultados de estos experimentos no puede ser cierta.

Se suele decir que libertad es la capacidad de hacer lo contrario de lo que realmente hacemos. Pero esto no es otra cosa, a mi entender, que tener grados de libertad, o sea una gama de opciones entre las cuales elegimos una. Estos grados de libertad son mayores mientras más desarrollado sea el cerebro, de manera que los humanos tenemos más grados de libertad que otros mamíferos y éstos más que los anfibios, etc. Pero si confundimos la libertad con los grados de libertad entonces todos los animales son libres por tener distintas opciones en su conducta. Lo decisivo no es que tengamos posibilidades de elección, sino por qué y cómo elegimos lo que elegimos y no otra posibilidad.

La ciencia nos dice que el universo está sometido a leyes deterministas, por lo que el físico Albert Einstein se preguntaba que por qué el cerebro tenía que ser una excepción y fuese la única parte de la materia del universo que fuese libre y no determinada como el resto.

Hoy en día muchos filósofos llamados compatibilistas piensan que a pesar de estar determinados como el resto del universo, los humanos somos libres siempre y cuando nuestras acciones surjan de nosotros mismos. Aquí se olvida lo que había dicho Freud de los condicionamientos inconscientes que dirigen nuestra conducta. En psicología no se dice que seamos libres si nuestra conducta está guiada por motivaciones inconscientes sobre las que el llamado yo consciente no tiene ningún control.

No deja de ser curioso el hecho de que sepamos que no tenemos ningún control consciente sobre lo que almacenamos en la memoria y, sin embargo, no nos preocupe este hecho, cuando precisamente desde el punto de vista de la supervivencia la memoria es mucho más importante que la libertad.

La falta de libertad ya había sido planteada en el pasado por el filósofo holandés Baruch Spinoza que decía que los hombres se consideraban libres porque ignoraban las causas que determinaban sus acciones.

La importancia de estos resultados es evidente. La existencia o no de libertad, libre albedrío o voluntad libre es también de enorme importancia para otras disciplinas, por ejemplo para la religión, ya que sin libertad el ser humano no es culpable de pecado, concepto clave y fundamental para las tres religiones abrahámicas: judaísmo, cristianismo e islamismo.

En jurisprudencia y en psiquiatría forense, el tema de la libertad es de gran relevancia, dado que de ahí se derivan los conceptos de responsabilidad, imputabilidad y castigo para los que delinquen. Pero la libertad es también importante en ética, en filosofía social y política, en la filosofía de la mente, en metafísica, en la teoría del conocimiento, en la filosofía de las leyes, en la filosofía de la ciencia y en la filosofía de la religión.

El cerebro y la espiritualidad

Otro tema que está siendo estudiado por la neurociencia es el tema de la espiritualidad. Desde que es posible provocar experimentalmente experiencias espirituales, religiosas o místicas estimulando determinadas regiones del lóbulo temporal pertenecientes al sistema límbico o cerebro emocional, la neurociencia ha entrado en un tema que tradicionalmente ha pertenecido a la teología. Se habla hoy, a mi entender equivocadamente, de neuroteología para referirse a la búsqueda de la espiritualidad en el cerebro. Y digo que equivocadamente, porque teología significa etimológicamente un tratado de dios, como si ya se diese por sentado su existencia, algo que la neurociencia no hace.
Pero lo realmente revolucionario, a mi juicio, es el hecho de que la materia, como el cerebro, sea capaz de producir espiritualidad. De ahí que yo al cerebro le he llamado “espiriteria”, una contracción de espíritu y materia. En cualquier caso, parece evidente que el concepto tradicional de ‘materia’ no debería ser aplicable al cerebro. Además, la separación dualista cartesiana entre espíritu y materia no tendría sentido.

Como vemos, en el pasado se consideraba inapropiado que la neurociencia se ocupase de las funciones mentales, antes llamadas funciones anímicas, o sea del alma, como lo está haciendo ahora. Hoy estamos al comienzo de un derribo sistemático de conceptos que, algunos de ellos, son pilares en los que se asienta nada menos que gran parte de nuestra cultura occidental.

De ahí que piense que se avecina una nueva humillación del ser humano, una revolución protagonizada por los resultados de la neurociencia. De nuevo, una ciencia está a punto de abrirnos los ojos a realidades que nada tienen que ver con las que hemos vivido durante siglos: éstas han sido producto de nuestro cerebro y las realidades que las sustituyan también lo serán. Pero ahora, soñar con una realidad independiente del cerebro humano será posible pero no real.

Nos llama la atención el progreso objetivo de la neurociencia, como el papel de la genética en varios trastornos mentales, los estudios de biología molecular que nos han explicado cómo determinados genes pueden llevar a producir síntomas clínicos. Admiramos los descubrimientos que muestran la producción de nuevas neuronas en el hipocampo, o los mecanismos moleculares asociados a la memoria y al aprendizaje. Hemos descubierto neuronas que son la base de la empatía, probablemente también del lenguaje y de la moralidad, como las neuronas espejo, pero los temas que he mencionado en relación con la revolución subjetiva van más allá porque van a cambiar la imagen que tenemos del mundo y de nosotros mismos. Las humanidades, junto con la neurociencia, tendrán que colaborar para diseñar una nueva imagen del ser humano que, sin duda, será distinta a la que hoy conocemos.

En suma: estamos ante una auténtica revolución de nuestras ideas: una revolución neurocientífica.
15-09-11

sábado, 6 de agosto de 2011

Obiturio, muy interesante

Lo de Tyler es interesante, lo de Olson, grave.

En 1887 Alexander Tyler, profesor de historia en la Universidad escocesa de Edimburgo, tenía esto que decir acerca de la caída de la República de Atenas unos 2.000 años antes:

"Una democracia es siempre de carácter temporal;. Simplemente no puede existir como forma permanente de gobierno, una democracia continuará existiendo hasta el momento en que los votantes descubren que pueden votar las generosas donaciones de la hacienda pública. A partir de ese momento, la mayoría siempre vota por los candidatos que prometen los mayores beneficios del erario público, con el resultado de que toda democracia finalmente se derrumbará sobre la política fiscal flexible, (que es) siempre va seguida de una dictadura ".

"La edad media de las grandes civilizaciones del mundo desde el comienzo de la historia, ha sido de unos 200 años, durante esos 200 años, estas naciones siempre progresado a través de la siguiente secuencia.:

  • De la esclavitud a la fe espiritual;
  • De la fe espiritual a un gran coraje;
  • De la valentía a la libertad;
  • De la libertad a la abundancia;
  • De la abundancia a la complacencia;
  • De la complacencia a la apatía;
  • De la apatía a la dependencia;
  • De nuevo la dependencia a la esclavitud. "


El obituario que sigue, es:

"Nació 1776, murió 2012..."

No le hace daño a leer esto varias veces.

El profesor José Olson de Hamline University School of Law en St. Paul, Minnesota, señala algunos hechos interesantes acerca de las últimas elecciones presidenciales:

  • Número de estados ganados por: Obama: 19 | McCain: 29
  • Kilómetros cuadrados de tierra ganada por: Obama: 580.000 | McCain: 242700
  • Población de los condados ganados por: Obama: 127 millones | McCain: 143 000 000
  • Tasa de asesinatos por cada 100.000 habitantes en los condados ganados por: Obama: 13,2 | McCain: 2.1

El profesor Olson añade: "En conjunto, el mapa del territorio ganado por McCain son en su mayoría los terrenos propiedad de los ciudadanos contribuyentes del país. La mayor parte del territorio ganada por Obama abarca a los ciudadanos que viven en países de viviendas precarias y viven de las diversas formas de asistencia social del gobierno ... "

Olson cree que Estados Unidos está ahora en algún lugar entre "La complacencia y la apatía", fase de definición profesor Tyler de la democracia, con un cuarenta por ciento de la población del país que ya ha alcanzado la fase de "dependencia gubernamental".

Si el Congreso concede la amnistía y la ciudadanía a veinte millones de presos penales invasores llamados ilegales -y el voto- entonces podemos decir adiós a los EE.UU. en menos de cinco años.

Si usted está a favor de esto, entonces, no le haga caso a este artículo.

Si no lo está, a continuación, comparta esta información para ayudar a todos a darse cuenta de lo mucho que está en juego, a sabiendas de que la apatía es el mayor peligro para nuestra libertad.

¡Esto es realmente aterrador! Por supuesto que no somos una democracia, somos una República Constitucional.

Alguien debería señalar esto a Obama. Por supuesto que lo saben y muchos otros le prestan poca atención a la Constitución. No podría haber más en juego que en noviembre 2012.

domingo, 17 de julio de 2011

Grados de impotencia

En principio al pensar en la impotencia consideramos la misma en su absolutez como negación de toda posibilidad. Pero una negación completa de toda posibilidad es una contradicción, ya que la posibilidad de esta misma negación quedaría autonegada. Por lo tanto una impotencia absoluta no es posible... es decir... de un modo irónico... es impotente. Por lo tanto solo pueden existir grados de impotencia y en determinados marcos de consideración de posibilidades.

Por supuesto que el anterior razonamiento podría verse en tela de juicio si lo que se considera es la potencia individual de vida... el potencial de existencia individual de un ser vivo... pues la muerte resulta inevitable y por lo tanto ella vendría a ser la reducción de la vida individual a la impotencia absoluta.

Bueno... si considerasemos que el potencial de vida es una constante y que la muerte lo cercena de manera abrupta y terminante entonces la muerte vendría a ser este absurdo. Pero si consideramos que el potencial de vida no es una constante sino una variable de valores decrecientes que pasa de la creatividad, de la plasticidad futurible del ser recién concebido a la degradación mecánica y olvidadiza del ser envejecido o la mutilación dolorosa del ser dañado por fuerzas exteriores, entonces la muerte no viene a ser tal absurdo sino la crisis final del desgaste de la potencia vital o un apagón inducido por el juego de potencias vitales y extravitales en que se enreda la limitada potencia de vida individual.

Sin embargo, el hecho de que la muerte no sea la negación de la potencia vital individual de manera absoluta por cuanto esta potencia lleva en si o sufre exteriormente las causas de esta negación con anterioridad a la ruptura de la muerte, ello no parece indicarnos que deje de existir una destinación del individuo a la reducción absoluta de su existencia a la impotencia de la inexistencia, incluso por la via de su degradación intrínseca, siendo la muerte un aporte de impotencia que cierra el círculo de esa absolutez. Es decir, que el individuo, puesto así en el universo, es solo una fugaz criatura fenoménica destinada a ser destruida por completo en el proceso mismo que lo engendra, sin escapatoria alguna. ¿Es este absurdo finalmente irrevocable por más que se sostenga nuestro primer razonamiento, el que nos indica que una impotencia absoluta es imposible?

Lo que nos puede evitar el caer en esta sórdida conclusión es repensar el concepto mismo de la potencia vital individual. Al pensar en ella y su destrucción la pensamos separadamente del resto del universo y no como una acumulación puntual de potencia cósmica. En efecto, si pensamos en el individuo como una mera centración y entrelazamiento puntual de energía e información cuyos bordes no son tan nítidos como nos suele parecer, al pensar en el individuo como una aglomeración fugaz de los flujos y reflujos de la energía viviente y la energía universal, entonces no es posible ver ya la muerte o la degradación más que como un pasaje de la energía de una estructura a otra, de una acumulación de potencia a otra. Desde esta perspectiva toda potencia vital individual es una potencia prestada momentáneamente por el juego vital al individuo y que no lo consolida sino que solo lo configura del mismo modo que la ola resulta configurada sobre la superficie del mar. No se trata sin embargo de afirmar que la individualidad es una ilusión como suelen afirmar ciertas filosofías, sino simplemente de negar que el individuo tenga propiedad en algún sentido sobre su existencia... el individuo no posee ni siquiera su vida y por lo tanto no puede ser desposeído de ella ni de ninguna ilusoria propiedad. Ello quiere decir que no hay ninguna reducción a la impotencia ni con la muerte, ni con el envejecimiento ni con la destrucción por parte de fuerzas exteriores, sino solo una devolución del préstamo energético configurador.

Así pues solo la idea de la participación sumergida de la individualidad en la totalidad nos permite superar el camino absurdo de las consideraciones nihilistas que anteponen la muerte a la vida, no suponiendo en ello la supresión de la invidualidad en la totalidad y negando de manera tajante la validez de la idea de propiedad. Esto último nos puede hacer sospechar que la idea de propiedad está directamente relacionada con el temor a la muerte y con la percepción de impotencia. Es decir, nos permite suponer que todo el sistema de vida humano basado en la propiedad es el sistema de la muerte, el miedo y la impotencia en tanto que a través de la propiedad el individuo procura constantemente y de manera absurda, trágica y hasta estúpida, retener su vida contra el deshacimiento inevitable. La avaricia de vida está atrás del régimen de propiedad en el sentido de que el individuo avaro de vida, que quiere llevar la vida al cántaro de sus propios límites y consumirla allí sin fin, construye esos mismos limites como si tejiera membranas de un solo sentido.

Por supuesto que el régimen de propiedad tendió desde sus orígenes a perpetuarse en la forma de una perpetuación de la propiedad por herencia ilimitada y eterna, es decir, se solventó a lo largo de los miles de años de su existencia como un esfuerzo suprageneracional de perpetuación del individuo en las generaciones futuras, perpetuación maligna que constituye finalmente un latrocinio de las viejas generaciones sobre las nuevas al retener aquellas mediante esta perpetuación riendas de destinación sobre los nuevos vivos.

Lo que nos queda por pensar aquí después de exhibir la directa relación entre la propiedad y su perpetuación mediante herencia ilimitada y la obsesión contra la muerte y la degradación de la vida individual, relación que ha quedado simbolizada en las monstruosas pirámides faraónicas egipcias, es que una superación del régimen de propiedad en la forma de la supresión de la perpetuación ilimitada de la misma como mínimo, es el camino para una conciencia humana abierta al universo y a si misma participativamente y alejada del miedo absurdo a la extinción individual y la percepción impotente de la existencia.

Saludos y esperando vuestros comentarios,


Profesor Fernando Gutiérrez Almeira.

Para arje@yahoogroups.com

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lunes, 30 de mayo de 2011

La indignación debe ir seguida de compromiso

ENTREVISTA

Hessel: "La indignación debe ir seguida de compromiso"

Con 93 años, este diplomático francés, escritor y activista del progreso, ha inspirado a los jóvenes europeos, y con mucha fuerza a los españoles, bajo el lema de su libro: '¡Indignaos!'.

JESÚS RUIZ MANTILLA 29/05/2011

En este enlace.

Con 93 años, este diplomático francés, escritor y activista del progreso, ha inspirado a los jóvenes europeos, y con mucha fuerza a los españoles, bajo el lema de su libro: '¡Indignaos!'.

Sobre la mesa de su salón parisiense, Stéphane Hessel guarda un ejemplar de EL PAÍS en el que aparece una foto con jóvenes españoles indignados. Pertenece a los primeros días de la convocatoria de una ola de manifestaciones bajo el título de su libro, que va camino de vender 400.000 ejemplares en España y que ha alcanzado los dos millones en Francia.

"Progreso no significa acelerarse, sino tender a un mundo mejor"

"El final del siglo XX fue prometedor. Luego se rompió el orden mundial"

Este chaval de 93 años apareció en el momento justo, con la palabra justa. Su único mérito ha sido recapitular. Colocar en alza valores que hoy están amenazados y que han costado años y décadas de lucha y sacrificio. Libertad, igualdad, justicia, legalidad, compromiso, derechos humanos. Palabras labradas a base de sangre y fuego, en su caso no con demagogia barata. Porque Hessel tiene sus razones para indignarse cuando vislumbra la amenaza de verlas desaparecer. No es un charlatán, ni un panfletario, aunque reivindique el género en el que Marx y Engels redactaron el Manifiesto comunista -él no comulga con ello- o Zola lanzara su Yo acuso sobre el caso Dreyfus.

Nacido en Berlín en 1917, se convirtió en francés después de que sus padres huyeran de la amenaza nazi y se instalaran en París. Se enroló en la Resistencia, fue condenado a muerte y torturado por la Gestapo, pasó temporadas en varios campos de concentración y fue testigo de excepción en la histórica redacción de la Declaración de Derechos Humanos.

Una vida y una altura moral más que suficientes para sacudir conciencias a nivel global. Un héroe civil, un agitador pacífico y con las ideas claras.

  • Miles de personas manifestándose en España al grito de "¡Indignaos!". Estará satisfecho. Su mensaje ha calado.

Ya lo he visto. Me alegro. Cuando empezamos con la idea de este pequeño libro teníamos a Francia en la cabeza. Ocurrió que en pocas semanas se produjeron varios acontecimientos. La popularidad de Sarkozy se fue hundiendo, lo mismo ocurrió en Italia con Berlusconi, e incluso en España con Zapatero, y en Portugal con Sócrates. Antes de que se produjeran las revueltas del norte de África, la idea de que los Gobiernos de varias partes del mundo rozaban comportamientos que provocaban la indignación de la gente era algo que raramente habíamos visto.

  • Y le dio por escribir este discurso y convertirlo en libro.

No es un trabajo literario, en absoluto. Queríamos lanzar algo corto y estimulante. Puede que hasta tenga faltas de sintaxis. La editora se sentó justo donde está usted ahora, yo empecé a hablar, lo redactó, me lo dio, lo corregimos y lo lanzamos.

  • Como una entrevista. Una pena para mí, podía haberme tocado, ya que estamos.

Exactamente, así ocurrió. Lo digo porque surgió de manera natural, como una conversación. Y una vez en la calle corrió como la pólvora.

  • Es que hay mucha gente esperando un discurso que aglutine ciertos sentimientos. La palabra justa, la expresión que todos tienen en la cabeza. Esa indignación.

Lo he podido comprobar, efectivamente. Pero el libro está basado en dos textos: el programa de la Resistencia, no muy bueno, pero escrito en el momento y en el lugar justos; cuando los franceses se sentían acorralados por un enemigo como los nazis. El otro es la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

  • De la que usted fue testigo de excepción.

Estuve allí cuando se redactó. Yo era demasiado joven para formar parte de ese grupo de 12 sabios, pero fui asistente. Les ayudé a organizar las reuniones, a redactar las actas. Los que estaban allí eran figuras de primer nivel en la esfera de la política y el derecho como la viuda del presidente Roosevelt, Eleanor. Se encontraban en Nueva York y en Ginebra y yo me encargaba de prepararles los papeles y asegurarme de que hacían el trabajo.

  • ¿Vigilándoles?

Como secretario. Yo era un joven diplomático, carecía de autoridad, pero me sobraba curiosidad. Tenía motivaciones muy profundas para que el trabajo saliera de la mejor manera. El hecho de haber acabado la guerra en tres campos de concentración era suficiente impulso para mí.

  • Estuvo usted en Buchenwald.

Allí conocí a Jorge Semprún. Un gran amigo; guardo una anécdota de él importante. Cuando llegó al campo y le preguntaron a qué se dedicaba respondió: estudiante. "Si pongo eso", dijo el que tomaba el registro, "le matarán inmediatamente, voy a dejar las primeras letras y lo voy a transformar en estucador. Así, por lo menos, le asignarán trabajos manuales". Era lo único que buscaban. Pero volvamos a ¡Indignaos!

  • Me gustaría que contara el significado que para usted lleva ese término. Es una palabra que utiliza con un sentido positivo. Apela a aquellos que la sienten para contagiársela a quienes no la llevan dentro.

Contiene su lado positivo, pero también sus partes oscuras.

  • Y si es así, ¿cómo cree que se puede contagiar su parte de luz?

Le confieso que el título fue propuesto por la editora, Sylvie Crossman. Pero lo acepté inmediatamente.

  • ¿Con su llamada imperativa?

Sí, señor, y con su signo de exclamación. Es fuerte. Mucho más de lo que yo hubiera propuesto, porque no me considero un revolucionario, soy diplomático que cree en la no violencia. Busco poner a la gente de acuerdo, más que enfrentarla.

  • Eso es bastante radical para los tiempos que corren. Estamos rodeados de políticos que nos llevan a la guerra. ¿El diálogo es hoy revolucionario?

Puede ser. Pero si nos atenemos a los significados, le diré que lo que más me convence de la palabra es que contiene otro término fundamental: dignidad. Por eso lo acepté. Cuando la dignidad se pone en cuestión es necesario reaccionar. La indignación viene del pisoteo de la dignidad que cada ser humano lleva consigo. Por eso siempre me remito a la Declaración de Derechos Humanos. En su artículo primero ya dice: Todos los seres humanos somos iguales en dignidad y en derechos.

  • Y ahora viene a apelar al compromiso.

El nuevo libro se titula precisamente Comprometeos. Es el paso moral siguiente a la indignación. Nadie puede molestarse por que el prójimo se comprometa con algo. Puede molestarse si se rebela, si se remonta impulsivamente, eso es hacer el caldo a otros como Marine Le Pen [líder de la ultraderecha en Francia]. Lo que ella proclama es eso, pero yo apoyo la indignación en el sentido contrario. La que me sacude cuando los derechos básicos son atacados, perseguidos. Enfadarse y ya, para mí no tiene sentido. La ira no conduce a ninguna parte, debe ir seguida de compromiso.

Difícil. No propongo a la gente que se enfade sin más, sino que se pregunte cuáles son las razones que ponen en peligro esos valores fundamentales que hemos heredado y que ahora tiemblan. No es fácil, no.

  • Sobre todo, aclararnos en toda esta confusión. Un caldo de cultivo para diferentes indignaciones, para diferentes intereses.

Al leer el libro quedan claros los valores, los peligros y los retos.

  • Son tres o cuatro. Empezando por los de la Revolución Francesa.

Por algunos de ellos. Otros, insisto, la Declaración Universal de Derechos Humanos.

  • ¿Los ve en la picota?

Bastante, pero no olvidemos que en el tiempo en que fue redactada aquella declaración, el mundo todavía estaba amenazado por algunos totalitarismos. El fascismo había sido derrotado. Pero el comunismo pervivía. Luego se ha ido imponiendo otra ideología perversa basada en el mercado y nada más que en el mercado. Hoy, usted y yo, sufrimos sus consecuencias, las de un grupo privilegiado que busca sus beneficios a nuestras expensas. ¿Qué proponer como alternativa? La democracia real.

  • Bonita palabra.

Confiar en depositar cada vez más poder en la gente común para que sus necesidades sean la prioridad a resolver por los Gobiernos, el primer deber. Los Gobiernos deben asegurar libertad, hermandad, igualdad y justicia social.

  • Y progreso. Otro concepto en crisis. Lo confundimos con progreso técnico, científico, pero no con bienestar.

Absolutamente. Es algo muy sencillo, progresar significa tender a la mejoría. La palabra mejor es importante. ¿Cuál es la diferencia entre el bien y el mal? ¿Es mejor ganar dinero a cualquier precio o preservar la decencia y el honor? ¿Es mejor entrar en la espiral de un progreso científico a toda costa o guardarnos de descubrimientos que superen la dignidad del ser humano? Progreso no significa acelerarse, sino ser consciente de cuáles son los valores que ayudan a crear un mundo mejor y cuáles no. La democracia es exigente en sí. Demanda más a los políticos y logra tejer un sistema del que es difícil salir bien parado si actúas mal.

  • Volvamos a los claroscuros de la palabra indignación. Hubo un tiempo en que aquel sentimiento le llevó a un camino violento. ¿Qué sentía dentro, en sus tripas?

No soy un tipo violento. Puedo entender qué lleva a la gente a la violencia. Pero a mí no me convence. Mi primera indignación tenía un nombre: los nazis. El fascismo de Franco y Mussolini, incluso Stalin, de quien ya tuvimos noticias de sus purgas en 1935. El totalitarismo. Además, teníamos el ejemplo de los republicanos españoles como contraposición a los comunistas más cerrados. Yo siempre me consideré demócrata, y cuando este sistema estaba en peligro me indignaba. Pero incluso dudé. Los estragos de la I Guerra Mundial nos hacían pensar a muchos que había que agotar todas las vías antes de entrar en otro conflicto. Negociar y dar la palabra a la gente de los diferentes países. Solo cuando vi claro que esta gente lo único que quería hacer era conquistar Europa con métodos violentos me convencí de que había que enfrentarse a ellos por las armas.

  • Pero esa indignación, físicamente, ¿era equiparable a la que siente ahora?

No, entonces era joven y con ganas de luchar. Cuando llegó la hora, cuando vi que era necesario levantarme y enfrentarme a ellos, me invadió un deseo de lucha. Me enrolé en el ejército sin dudarlo. Y cuando se firmó el armisticio con los alemanes me volví a indignar. Sentí que era una deshonra y una deslealtad con los británicos. Me opuse; era inaceptable. ¿Qué podía hacer? ¿Luchar en Francia? ¿Unirme fuera a De Gaulle? Eso es lo que hice.

  • Y tuvo una relación intensa con él, han contado algunos.

No. Yo era muy joven y un oficial de bajo rango. Pero tuve el privilegio al llegar a Londres de cenar con él en la intimidad. Me convocó. Quería saber qué pensaba de él un joven estudiante de la Escuela Normal Superior, muy prestigiosa entonces en Francia. Deseaba conocer lo que opinábamos de él los estudiantes de ese nivel.

  • Por lo menos, y gracias a la fortuna, también De Gaulle se indignó. Cosa que no ocurría entre una enorme parte de los franceses. Aquello fue tan extraño en un país que había levantado las banderas de la democracia en todo el mundo... ¿Qué ocurrió?

Francia había sido tremendamente golpeada. Lo que había ocurrido entre mayo y junio de 1940 es algo muy raro en la historia. No solo fue una victoria militar. Fue una enorme derrota, humillante, en la que la gente tuvo que huir de sus casas hacia lugares insospechados. A muchos, el armisticio les supuso un respiro. La paz era tentadora para mucha gente, pero aquello no era paz.

  • ¿Era una humillación?

Además, había otros factores. La amenaza de los soviéticos aterrorizaba a la burguesía, mientras que los fascismos no tanto, creían que no atentaban tanto a su modo de vida. Además, los nazis garantizaban el freno a los comunistas más que nadie.

  • Luego, en su caso particular vino otra nueva indignación.

¡La Gestapo!

  • Ahí sufrió en sus propias carnes el peligro. ¿Cómo fue su detención?

En el momento en que me arrestaron estaba seguro de que no sobreviviría. Me detuvieron bajo cargos de delitos criminales graves. Sabían que había llegado de Londres para reforzar la Resistencia.

  • Incluso, que usted era judío.

Eso no lo sabían. Me conocían poco. Si se hubiesen enterado de que mi padre era un judío emigrado de Berlín, me habrían tratado de otra forma. Pero lo hicieron como a un espía de nivel. Y, ¿qué haces con un espía? Obviamente, sacarle información.

  • ¿Bajo torturas?

Efectivamente. En la bañera, ahogándome. Pero no consiguieron que delatara a nadie, y eso fue una satisfacción para mí. Después me condenaron a muerte. Afortunadamente, la justicia era lenta y me internaron en Buchenwald y la orden de ahorcarme llegó muy tarde. Ya entonces pude cambiar mi identidad con alguien que había fallecido sin que se dieran cuenta. Era una persona que no estaba condenada a muerte. Así me libré.

  • Me imagino que en aquellos días la indignación se había convertido en terror.

No exactamente. Se transformó en algo que solo un joven patriota puede sentir. Ese convencimiento henchido en el que crees que has cumplido con tu deber y te has sacrificado por tu país.

  • ¡Un héroe!

[Risas] Le cuento algo Cuando me detuvieron cogí un trozo de papel y escribí un soneto de Shakespeare que sabía de memoria: "No longer morn for me when I am dead...". Como diciendo, si me fusilan mañana, que mi esposa sepa que no quiero luto, sino que sea feliz. Ridículo, esto siempre resulta ridículo.

  • Es una manera noble de enfrentarse a la muerte.

La vida está llena de ironías.

  • Si le hubieran dicho entonces que cumpliría 93 años...

¡Y tanto! Mi siguiente indignación llegó en los campos de concentración. Yo sabía que la guerra era violenta. Pero lo que nunca pude sospechar es el grado de brutalidad al que podíamos llegar los seres humanos.

  • Pasó de sentirse un héroe a otro estado: el de víctima.

No solo una víctima individual, sino parte de una colectividad. Porque yo, personalmente, tuve suerte. Me salvé entre un grupo de 36 condenados a muerte. Yo y dos personas más. Me enviaron a otro campo y me escapé. Cuando lo logré me volvieron a capturar y me internaron en Dora. Allí se debatían entre colgarme o darme 25 latigazos. Pero me libré de ambas cosas porque le dije al oficial que me interrogaba: Estoy seguro de que usted, que es valiente, como yo, habría intentado escapar. Lo hice, pero fallé, con lo que no les puedo causar daño. Todo eso se lo expliqué en alemán, que es mi idioma materno. Si no hubiese hablado su lengua, seguramente nadie me habría librado del castigo.

  • En su vida han existido también momentos de alegría. Como el de la Declaración de Derechos. Poner de acuerdo en una posición común a países tan distintos como Francia, EE UU, la URSS o Arabia Saudí sería un esfuerzo titánico. ¿Costó?

Lo atestigüé de primera mano. Si no se hubiera conseguido en 1948, las tensiones posteriores lo habrían hecho imposible después. En ese momento histórico, los soviéticos se abstuvieron, Arabia, también, y así permitieron su aprobación. Fue el momento. Un texto ambicioso para la historia de la humanidad.

  • Supongo que en aquellos momentos su indignación dio paso a la esperanza.

Pues sí. Ese momento fue de auténtica, de verdadera y gran esperanza en el entendimiento de las naciones tras la guerra. Estábamos convencidos de que aquel texto encarrilaría a buena parte del mundo en el camino de la libertad y la justicia. Pero aquello duró poco, porque después llegó otro sentimiento: la ansiedad que producía el peligro de una tercera guerra, que no sería como las otras, sino que traería consigo la catástrofe nuclear. El mundo había conocido dos horrores: el Holocausto e Hiroshima, y eso nos producía un enorme temor. Era un mundo complicado e inseguro. Sentíamos que si la ONU no conseguía éxitos en sus programas de desarrollo y respeto a los derechos humanos, todo se iría derrumbando.

  • ¿Le queda algo del optimismo de entonces?

Todavía creo que existen pequeños y lentos pasos adelante y que continuarán, con retrocesos y avances. La última década del siglo XX fue muy prometedora. Después de la caída del Muro estábamos convencidos de habernos adentrado en una nueva era. En 2000 se llegó a un acuerdo bajo la presidencia de Kofi Annan de los objetivos del milenio. Pero cayeron las Torres Gemelas... Y empezamos el siglo XXI muy mal.

  • Con la amenaza terrorista, pero también con la ruptura de las reglas internacionales por parte de Bush, Blair y Aznar. ¿Qué supuso aquello para el orden mundial?

Aquello es parte de mi indignación presente. El hecho de que los ciudadanos sean conscientes de que estábamos dando grandes pasos adelante y esos líderes los frenaran en seco y nos colocaran en la dirección equivocada.

  • ¿No fue aquello una especie de paripé de cruzados por la democracia que en realidad representaban una especie de fascismo travestido?

Desde luego. Una de las reglas básicas a respetar en ese nuevo orden mundial que empezaba a configurarse a finales del siglo XX era el derecho internacional. Romperlo era adentrarse en lo peor.

  • Contra gobernantes de ignorancia supina, ¿qué se puede hacer?

¡Indignarse! Necesitamos otros gobernantes, y también, compromiso de la sociedad para aupar a los más decentes. No podemos caer en esa desazón de la juventud, ni en pensar que todos los políticos son iguales, porque no es cierto. La rabia y la indiferencia no nos llevan a ninguna parte.

  • En su vida ha existido otra indignación persistente: Palestina.

De nuevo, la ruptura de las reglas internacionales, la brutalidad impuesta, la situación en Gaza y Cisjordania aúnan todo lo que más he detestado en mi vida. Parecida a la que sentí en los campos de concentración. Siento un gran aprecio por el Estado de Israel, pero cuando su Gobierno se comporta de una manera similar a los peores Gobiernos que yo he tenido que soportar en mi vida, no puedo admitirlo y me rebelo y denuncio esos abusos cometidos por ellos con el permiso de Estados Unidos, la Unión Europea y algunas empresas involucradas en la situación. Es lo mismo que siento respecto a la incapacidad para ponerse de acuerdo sobre el cambio climático. Espero que ahora Obama, tras haber acabado con Bin Laden y ganado popularidad, pueda avanzar en ciertas cosas.

  • Por cierto, ¿qué opina de ese episodio?

Bueno, yo me alegro de que se haya acabado con él. Era un asesino capaz de cosas espantosas. Sobre todo, de haberle dado al islam una imagen siniestra en el mundo. Y no es así. La gente de los países árabes se ha encargado en pocos meses de hacernos saber que aspiran al sentido común con sus revueltas. Pero, volviendo a Bin Laden, hubiera sido deseable otro método: la detención, un juicio.

  • ¿Dónde queda Europa con esas amenazas de políticas antiinmigración?

Justo ese es el objetivo de mi libro. Concienciar a la gente para afrontar los nuevos retos con valores dignos. No son nuestras ínfimas naciones las que están en peligro, es nuestro mundo, cada vez más amenazado por corrientes como los neocons o quienes no se mentalizan en el trato al medio ambiente. La fe en el compromiso es clave. No estamos condenados al fracaso, pero para evitarlo hay que dar un paso adelante.

AUTORIDAD MORAL

Toda una vida de lucha por el progreso, de resistencia frente a los totalitarismos, de autoridad moral, y este francés nacido en Alemania en 1917 se ha ganado el éxito y el aplauso mundial con un pequeño libro panfleto, '¡Indignaos!' (Editorial Destino, con prólogo en español de José Luis Sampedro), que ha sacudido el descontento en los países desarrollados frente a un sistema económico-político lleno de goteras.

Este judío, muy crítico con la política de Israel hacia Palestina, participó en la resistencia francesa contra los nazis, estuvo preso en varios campos de concentración y participó en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

La penetración del lenguaje en todo

Para filosofia y pensamiento Luis Ledo moderador, circulo de filosofía México

Referencias

Autor: Hegel

Texto: Prefacio a la segunda edición de Ciencia de la Lógica

Cita: “Las formas del pensamiento están ante todo expuestas y consignadas en el lenguaje. En nuestros días nunca se repetirá bastante que el hombre sólo se distingue de los animales por el pensamiento. En todo aquello que se le convierte en algo interior, y principalmente en la representación, en lo que hace suyo, ha penetrado el lenguaje; y lo que el hombre convierte en lenguaje y expresa con él, contiene escondida, mezclada o elaborada una categoría; tan natural es al hombre el elemento lógico, o para decirlo mejor, tan propio es de su naturaleza misma. Pero si oponemos en general la naturaleza en sí, como lo físico, a lo espiritual, habría que decir que lo lógico es lo sobrenatural, que penetra en toda relación o actividad natural del hombre, en su manera de sentir, considerar, desear, necesitar, en sus impulsos, y lo convierte sobre todo en algo humano, aún cuando sólo fuese de una manera formal, proporcionándole representaciones y fines”.


¿Dónde encontramos en primera instancia lo lógico? O mejor: ¿Dónde encontramos en primera instancia las formas lógicas? En el lenguaje y más especialmente en las categorías. En todo aquello que el ser humano ha vuelto interior, y hoy día el ser humano convierte en interior a todo –de ahí el enorme peso de su conciencia y su enorme angustia-, ha penetrado el lenguaje. Y donde hay lenguaje hay escondida, mezclada o elaborada una categoría. Así que lo lógico, en tanto lenguaje, es propio de la naturaleza humana. Aunque todo esto, la penetración del lenguaje en todo aquello que el hombre ha vuelto interior, es un producto histórico, el resultado de un largo proceso de evolución.

Lo lógico, esto es, las formas del lenguaje, penetra en todo lo que los seres humanos sienten, consideran, desean y necesitan. Todo lo modifican. Hace posibles nuevas representaciones y la elaboración de fines separados de las necesidades inmediatas de la práctica. Este es el poder del lenguaje. Está presenta en toda nuestra subjetividad y ha modificado todas nuestras funciones psicológicas. Pero no debemos llevar nunca las cosas más allá de lo debido: modificar no es suplantar, modificar no es anular sino mejorar. El lenguaje esta presente en todas las formas de la subjetividad, en nuestra forma de sentir, en el deseo, en el amor, en la necesidad, en el odio…, pero no anula ni niega el carácter específico de cada una de esas funciones.


Cordialmente,

Francisco Umpiérrez

30 de mayo de 2011.

martes, 10 de mayo de 2011

El fascismo del siglo XXI

Por: Juan Claudio Lechín
Fuente: Hoy Bolivia


El término “fascismo” se banalizó al convertirse en insulto. Cualquier violencia política es fascista. La banalización benefició a los verdaderos fascistas. Hanna Harendt la loca aseguró que nazismo y comunismo eran lo mismo. Nadie la escuchó. Y la astuta Unión Soviética, al triunfar en la guerra, aprovechó para deslindar aguas. Muchos politólogos se tragaron esta gambeta y proclamaron la revolución rusa y sus derivadas, china y cubana, como himnos enaltecedores del género humano.

En mi ensayo Las máscaras del fascismo vuelvo a indagar la naturaleza del fascismo, pues considero que estamos sufriendo un mal, sin estar alertados por el pensamiento europeo que solemos importar. El fascismo emerge cuando hay una fuerte descomposición del sistema de partidos políticos, durante el desgaste de un liberalismo preliminar o liberalismo retoño: el cual arrastra todavía obstáculos pasados como el caudillismo, corrupción, centralismo político y administrativo, ausencia de democracias partidarias y un pueblo no incorporado plenamente a la modernidad, entre otros aspectos.

Durante esta crisis, aparece el fascismo encabezado por un caudillo redentor y una fe ideológica, enmendadores de todos los males, a desmontar el sistema. Detalle más, detalle menos, fueron los casos de Hitler, Mussolini y Franco y también de Castro, Chávez y Morales.

Apenas el fascismo sube al gobierno comienza el desmontaje. Penetra al ejército, la policía y servicios de inteligencia, para controlarlos férreamente; luego desarmará las instituciones liberales, las libertades de opinión, prensa, sindical y política; y paulatinamente concentrará los poderes independientes: judicial, parlamentario, electoral y regional. Gradualmente, avanzara hasta conseguir no una utopía social sino el poder absoluto para entronizar al caudillo plebeyo. El sistema que engendra el fascismo es una monarquía plebeya absolutista.

Sus instrumentos legitimadores son la propaganda, elecciones y referéndums y el pueblo movilizado, al cuál transformarán de ciudadano en grupo de choque y, finalmente, en pueblo-siervo. La propaganda generará la fe y el culto al caudillo.

Hábilmente, el fascismo capta, como banderas propias, a los deseos, anhelos y traumas de la sociedad a la que va a victimar. Por eso, no es de izquierda ni de derecha, como se asegura sino que es un modelo pragmático para la toma del poder absoluto; donde el término “pragmático” significa que harán lo que sea para concentrarlo: seducir o asesinar, nacionalizar o privatizar, racismo ario o indigenista, movimientos sociales o fascios, aristócratas o revolucionarios. Invariablemente fabrican un hereje-enemigo, judío o burgués, criatura maléfica que justifique su violenta cruzada.

El error es creerles anticipadamente, como a Castro cuando dijo en la Sierra Maestra que llamaría a elecciones democráticas, cuando Chávez aseguró que no se reelegiría, no tocaría la propiedad privada ni la autonomía universitaria y cuando Morales afirmó que respetaría la libertades públicas y la independencia del poder electoral. Las consecuencias de estas ingenuidades las lamentan los pueblos, sin cesar. Aún así, muchos siguen considerándolos “de izquierda” y no versiones aggiornadas del horror europeo.

Las sociedades desprevenidas no creen ser la próxima víctima y desentenderse puede ser fatal. Ya lo dijeron los griegos cuatro mil años atrás: “Aquél que se quiere perder, los dioses lo ciegan antes”.

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domingo, 1 de mayo de 2011

El Tai Chi Conquista Uruguay

El Tai Chi Conquista Uruguay

de Vida Neta, el Domingo, 01 de mayo de 2011 a las 18:13

(Publicado en Diario El País)

Este arte marcial chino suma adeptos año a año, especialmente en verano y en las playas. Quienes lo practican hablan de grandes beneficios sobre su cuerpo. | En Europa y Estados Unidos se practica en las empresas antes de empezar la jornada laboral. Resultado: empleados menos estresados y más productivos.

EJERCICIOS.

CLASES DE TAI CHI
EN EL INSTITUTO "EQUILIBRIO",
FOTO BORRELLI, ND 20110201,
ARTES MARCIALES,
BV ARTIGAS 1168

CATERINA NOTARGIOVANNI

A qué están jugando esos?", le pregunta un señor cuarentón a su esposa, y señala hacia un grupo de personas alineadas en las arenas de playa Pocitos. "No están jugando, hacen Tai Chi", responde ella, muy segura. El diálogo no dura mucho porque la señora no sabe responder a la siguiente pregunta: ¿qué es Tai Chi?

Desde que en 2007 la Intendencia de Montevideo decidió llevar esa disciplina a las playas, los montevideanos se han habituado a reconocerla, pero son pocos los que saben en qué consiste. Es más, la información no abunda ni siquiera entre quienes la practican; aunque estos últimos obtienen al menos, y de primera mano, alguno de sus beneficios para la salud. Es justamente esa faceta la que explicaría buena parte del crecimiento cuantitativo que ha experimentado el Tai Chi en los últimos años.

Pero como suele suceder, la cantidad no lleva por transitiva a la calidad. Bien ejecutado, esta disciplina tiene un impacto extremadamente positivo. Pero si no se respetan los lineamientos básicos, se puede terminar la experiencia lesionado.


  • ORIGEN.

El Tai Chi nació como arte marcial interno en un monasterio del norte de China y está basado en la filosofía taoísta. Además es parte integral de los tratamientos terapéuticos de la medicina china. La forma tradicional consta de 103 movimientos (o 108, dependiendo de cómo se cuenten) que deben ejecutarse de modo encadenado y que se complejizan a medida que se avanza.

Se trata de movimientos lentos y suaves en el que continuamente se mueve y se absorbe energía. Algo así como una meditación en movimiento. Así lo explica Carolina Alegre, quien junto a Jorge Quiñones dirigen la Yang Style Tai Chi Chuan Academy Uruguay. Ambos son los dos primeros instructores uruguayos graduados (hay tres en total) en los Centros de formación y entrenamiento de la Familia Yang, uno de los cinco estilos de la disciplina más difundidos en occidente.

Pero el Tai Chi no se agota en la forma. Incluye ejercicios terapéuticos, técnicas de respiración y otras modalidades que incorporan espada, sable y lanza.

Si bien es un arte marcial, y por lo tanto es útil como defensa personal, su expansión fuera de China está directamente relacionada con sus virtudes en la salud.

"Lo que se hace es equilibrar las energías Ying y Yang, que así le llaman los chinos pero que no es otra cosa que energía electromagnética que todos tenemos en el cuerpo y que se genera con lo que comemos y respiramos. Si esas dos energías están equilibradas, no hay probabilidades de enfermarse", señala Quiñones.


  • "La idea es lograr un equilibrio entre la mente, el cuerpo y la energía", agrega Alegre.

Según su experiencia, una persona dedicada, que además de ir a clase entrena en su casa, consigue ejecutar esos 103 movimientos en un año y medio.

Siempre que se abordan disciplinas orientales desde una perspectiva occidental surge la misma pregunta: ¿decidirse por el Tai Chi implica otros tipos de cambios radicales en el estilo de vida, como por ejemplo modificar la dieta? "Es todo un conjunto, lo ideal es combinarla con una alimentación sana y balanceada", responde Alegre.

Para Leonardo Rato, instructor y presidente de la Asociación Uruguaya de Tai Chi, adaptar la dieta no es una obligación. "Pero uno la cambia sin darse cuenta porque empieza a cuidar su cuerpo de determinada manera y porque adquiere una consciencia distinta con respecto al ambiente. Entonces hay cosas que simplemente ya no se hacen porque no se siente bien", ilustra. Entre esas "cosas" se encuentra la comida chatarra, el cigarrillo o dormir pocas horas. "Digamos que genera un estado de bienestar general que es adictivo. Uno trata de continuarlo, de no alejarse demasiado", agrega.


  • Protagonistas. Ojos semicerrados, ceños fruncidos, gestos de concentración, casi que de trance, y otros de placer.

Brazos y manos que se mueven de izquierda a derecha, de arriba a abajo, a ritmo lento, muy lento, como acariciando el aire con una ternura extrema. Cada tanto, la voz de Leonardo Rato interrumpe el silencio, que para un espectador poco entrenado resulta agobiante al principio y relajante al cabo de unos minutos.

"No se apuren, disfruten el instante", susurra el instructor. La escena ocurre en una de las policlínicas de Tai Chi de la IM, en el Club Buceo. Allí y en esa clase, las practicantes son todas mujeres mayores de 60 años.

"Me ayudó a mejorar mucho mis problemas de columna, que ni la siento. Además aprendí a mantener una postura correcta y duermo mejor", ilustra Delfina a propósito de los beneficios alcanzados.

"Te da una serenidad increíble y una concentración tremenda en todos los ámbitos de la vida", comenta Rosita, quien además cuenta fascinada que se siente más ágil cuando camina. "Te pongo un ejemplo: tuve que ir hasta Costa Azul parada en el ómnibus y no me cansé. Me acordé de destrancar las rodillas y llegué como si hubiese ido sentada", asegura.

En la clase del lunes a las 8.30 de la mañana en la playa Pocitos también son mayoría las mujeres, pero se ven algunos hombres; las edades son más heterogéneas. Los testimonios allí van por el mismo lado: "Te desestresa", "Se te va la cabeza", "Se siente armonía", entre otros.

Quiñones, Alegre y Rato coinciden en que el interés por el Tai Chi se está extendiendo en Uruguay. ¿Las razones? "Porque hay más difusión a través de Internet, por las actividades en las playas y por la necesidad de hacer mover a los uruguayos", arguye Alexis García, instructor del Club Banco República que trabaja en la playa Pocitos en convenio con la IM. (UCM es otra de las empresas que brindan clases en Pocitos y Ramírez en el marco del mismo convenio).

"Porque hoy muchos médicos conocen los beneficios y se lo sugieren a los pacientes", dice Carolina Alegre.

"Hay una causa más", agrega Quiñones, "los niveles de estrés de los uruguayos van en aumento, junto con los problemas socioculturales. Eso lleva a buscar algo que de alguna manera ayude a conectarse con uno mismo y recobrar la calma".

Leonardo Rato tiene una mirada un tanto escéptica del fenómeno: "Me temo mucho que tiene un gran componente de moda". Para ilustrarlo cita los éxitos y los posteriores fracasos en la popularidad de disciplinas como el Yoga, el Reiki y el Pilates. "Dependerá mucho de los instructores, de que podamos hacer las cosas bien y capitalizar esto, o que quede en una moda", agrega.

A propósito de los instructores, Quiñones y Alegre observan con preocupación algunas "deformaciones" en la práctica del arte marcial. Ellos tienen 20 y 10 años de práctica, viajan a Bs. As. Todos los meses y son estrictos en cuanto a respetar los principios de la disciplina.

"Ves personas que hacen una gimnasia suave o mezclan conceptos y dicen que practican Tai Chi", dice Alegre. "Aparte los movimientos marciales son insustituibles porque son los que ayudan a estirar ligamentos, tendones y músculos. Si hago algo que es similar pero sin la debida alineación, no trabajo nada de eso", agrega su colega Quiñones. Por su parte Alegre comenta que en su instituto han recibido alumnos lesionados debido a las malas prácticas.

Este es uno de los motivos que llevaron al dúo a dedicarse también a la formación de instructores.

Otro aspecto interesante de este arte chino es que lo pueden practicar personas de todas las edades. "Siempre pregunto: ¿Usted puede caminar? Entonces puede hacer Tai Chi", resume Rato. Claro que si la persona llega con alguna lesión estará limitado en alguno de los movimientos.

Tampoco tiene demasiadas exigencias en cuanto a la vestimenta, que debe ser holgada para no limitar los movimientos. El calzado deportivo sí es estrictamente necesario. Quiñones comenta que practicarlo descalzo es un error que también ha visto en Uruguay.

Los adultos mayores descubren en el Tai Chi un remedio natural para muchas de sus dolencias. Seguramente esa virtud no tiente demasiado a los jóvenes, que tienen otros asuntos más interesantes de los que ocuparse. Pero sepan que si practican bien y regularmente esta disciplina, no solo vivirán más sino que, aún mejor, llegarán a la vejez en un estado de salud y movilidad difícil de imaginar para los sedentarios occidentales.


  • Beneficios: Una práctica más que saludable

La lista de beneficios es larga y variada, pero para alcanzarlos es necesaria la constancia. Si se ejercita con continuidad y dedicación, el Tai Chi ayuda a minimizar el estrés, tonifica los músculos, fortalece los órganos internos, mejora la coordinación y sincronización muscular, agiliza la mente, desarrolla flexibilidad, estimula la circulación sanguínea, reduce las afecciones respiratorias, mejora el sistema inmunológico, el funcionamiento de las glándulas del sistema endócrino y el estado de ánimo. Sus virtudes lo han puesto de moda en Europa y Estados Unidos, donde crecen las empresas que contratan instructores para que sus empleados puedan practicarlo antes de comenzar la jornada. Así trabajan menos estresados y rinden más. (Fuente: www.taichiyanguruguay.com)


  • La cintura gobierna al cuerpo

"La cintura gobierna todo el cuerpo. Los pies tienen fuerza y la pelvis asiento sólo si se es capaz de relajar la cintura". "Todo reside en el empleo de la intención en vez de la fuerza". "La agilidad y la flexibilidad extremas producen la resistencia y la rigidez extrema". (Del texto "Los 10 principios esenciales del Tai Chi"),

"Es una práctica preventiva. La idea no es que hagas Tai Chi cuando te duele la cabeza, como si se tratara de una aspirina. La idea es que lo hagas para no tener dolor". (Jorge Quiñones, instructor de Tai Chi estilo Yang). "Se aprende a conectar adecuadamente el cuerpo, a hacer el máximo uso posible con el menor esfuerzo. El trabajo tiene más que ver con aprender a alinear el cuerpo y con guiar la energía". (Leonardo Rato, presidente de la Asociación Uruguaya de Tai Chi).

  • CLASES DE TAI CHI CON PRESTIGIOSOS SI-HINGS, CAROLINA ALEGRE &JORGE QUIÑONES, EN EL INSTITUTO "EQUILIBRIO", BV ARTIGAS 1168, ESQUINA CANELONES, TEL. 27068959.