sábado, 30 de marzo de 2013

¿Adónde va Latinoamércia?

  
Por Fernando Cardozo 

La alianza entre los nuevos gobiernos de centro izquierda, pero que van rumbo a la radicalización neocomunista, y los grandes grupos económicos de América latina ha sido muy beneficiosa para la estabilidad presupuestaria de los Estados y para los grupos económicos, pero en mucha menor medida para la población. 

La polarización de las sociedades no beneficia la estabilidad económica y política, el clima necesario para el propio desarrollo. Este hecho, además choca de pleno con el impulso de la esperanza y el deseo de cambio que había llevado al poder a los nuevos líderes de izquierda latinoamericanos.

La posibilidad de perder el apoyo popular podría dar al traste con la continuidad del proceso, llevando a los gobiernos de centro a la curiosa dependencia de las élites con las que tradicionalmente se habían enfrentado.
 


Esa paradoja constituye el mayor problema: finalmente podrían ser los gobiernos de centro, con ideales de izquierda, los que más habrían ayudado al enriquecimiento de los grupos de poder de América Latina, más que las dictaduras y los tecnócratas. No quiero sugerir que esto forme parte de ningún plan, sino mostrar como el pacto pragmático queda inutilizado cuando el Estado no puede realizar su papel social, más aún si tenemos en cuenta que no supieron aprovechar la coyuntura económica favorable de esta última década, sino que por el contrario multiplicaron estrepitosamente la deuda externa, en aras de un populismo alienante de la productividad, y el capital humano basado en el despliegue del esfuerzo, la creatividad, la capacitación y el trabajo de los más carenciados. 


 
Lo más curioso es que los resultados son similares de norte a sur, en un México fustigado por la violencia mafiosa,  ni que hablar de Nicaragua, en la Venezuela bolivariana (sus datos sociales son de los peores), como en la Bolivia de evo morales, en el Brasil ultrapragmático y hegemónico de Lula y ahora de Dilma, en Argentina de los Kirschner o en el modélico Chile, o nuestro mediático y paradigmático Uruguay.

Explicar con mayor profundidad las causas y los resultados merecería una minuciosa tesis.

Elementos exógenos, como el crecimiento asiático y el alza mundial de los precios de las materias primas y de los productos agropecuarios durante la primera década del siglo, han posibilitado un crecimiento suficiente para no cuestionar los problemas, ni por los nuevos dirigentes, ni por las nuevas élites establecidas, que han recuperado parte de su potencia económica perdida durante los años de los planes de ajuste. 

Pero la fragilidad y dependencia de los precios internacionales, tanto del petróleo como de la soja o de maíz, hace a las economías nacionales vulnerables rápidamente, abriendo nuevamente la posibilidad de que los opositores de los gobiernos actuales reviertan la coyuntura que los alejó del poder, siempre y cuando ofrezcan cambios que realmente signifiquen una esperanza para los más carenciados.  

 

Las revueltas provocadas por el aumento del precio de los alimentos básicos han agitado ya a América Latina como antes a África o Asia. Una paradoja de difícil resolución coloca en mala situación a los gobiernos: el aumento vertiginoso de los precios de las materias primas agrarias es extremadamente beneficioso para las exportaciones, pero genera una inestabilidad interna incontrolable, sobre todo entre las clases sociales más desfavorecidas. 

Dada la apertura de las economías y la búsqueda del lucro de las empresas, que como es natural piensan en los beneficios y no en el destinatario final del producto, la venta al mejor postor aumenta los beneficios, pero puede ser el gérmen de una revuelta que puede acabar con el beneficio. 

Por otro lado, los problemas ecológicos derivados de la extenuación de las tierras, del abuso de los transgénicos, pesticidas, de los recursos agrarios y forestales, son desconocidos pero todos los estudios serios ponen en duda la sostenibilidad de la fertilidad y, por lo tanto, de la producción agraria y ganadera.
                                                                                           
Con el tiempo, los efectos mundiales de la destrucción del pulmón amazónico, podrían ser catastróficos para las poblaciónes de LATAM, y en consecuencia para los Estados y la economía. El problema final es cómo resolver una paradoja de desarrollismo que puede estar basada en un desastre. 

Saltando al otro lado del océano, podríamos comparar esta situación con el desastre económico español cuya economía se basaba en un sector inmobiliario artificialmente rentabilísimo que succionaba el trabajo, la inversión y que impedía la innovación y la investigación. Los sucesivos gobiernos que lo habían favorecido eran incapaces de poner fin a una burbuja que todo el mundo sabía caduca. 


¿QUO VADIS LATINOAMÉRICA ?: 

Intereses electorales, intereses económicos y las palmaditas en la espalda de las bonanzas, como las grandes universidades y las escuelas de negocios auguraban un proceso calificado de MODÉLICO. Como el irlandés, el estonio, o el húngaro, que hoy se sumergen en la crisis, en América Latina puede ocurrir lo mismo, con la diferencia de que la inmensidad geográfica y la dificultad de criticar la esperanza, - que reposa en los nuevos gobiernos -, pueden alargar un agonía venidera pero cierta, hasta la desaparición de la gerontocracia "neocomunista" de este principio de siglo.

 Fernando Cardozo 

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