martes, 9 de septiembre de 2008

Contra la igualdad

Por Pablo da Silveira

En: http://www.elpais.com.uy/08/02/23/predit_331767.asp

Por favor, lean con atención el siguiente párrafo: "El modo en que se distribuye el personal tiene fundamentalmente en cuenta la antigüedad, hasta el punto de que los maestros de más edad pueden, en perfecta aplicación de la regla, obtener los puestos más tradicionales y más fáciles: aquellos que siempre están fuera de las escuelas y liceos ubicados en zonas urbanas sensibles. (…) Los profesores más experimentados y mejor pagados son afectados a los establecimientos que menos los necesitan. Si se publicara la tabla de recursos financieros destinados a cada establecimiento, se vería que los de las zonas favorecidas están mejor dotados que los de la periferia".

¿Quién escribió estas palabras? ¿Un especialista en educación muy familiarizado con la situación uruguaya? ¡No! Se trata de un fragmento de una nota publicada por el diario parisino Le Monde el 7 de febrero pasado. Quien escribe es Jean-Claude Barrois, presidente de una organización que lucha contra la exclusión social en los barrios marginales de la capital francesa.

El párrafo nos enseña tres cosas. La primera es que, con alguna frecuencia, los problemas que solemos llamar "nuestros" no son dificultades exclusivas de los uruguayos, sino fenómenos que se producen cada vez que se aplican ciertas reglas de juego. Deberíamos, por lo tanto, estar más dispuestos a aprender de la experiencia ajena.

Lo segundo que nos enseña el párrafo es la relevancia que Francia sigue teniendo para nosotros. El sistema educativo uruguayo es uno de los más afrancesados del mundo. Desde los conceptos fundamentales que lo sostienen hasta las soluciones institucionales concretas, casi todo ha sido tomado de lo que se hizo en aquel país entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX. E, igual que los franceses, desde entonces hemos cambiado poco. (Aunque ellos han cambiado más que nosotros).

Es bueno tener presente este hecho por la siguiente razón: quedan muy pocos lugares en el mundo donde el paradigma francés siga funcionando en estado más o menos puro. Sobre todo, no hay países que lo apliquen y que al mismo tiempo estén obteniendo buenos resultados. Eso ni siquiera ocurre en la propia Francia. El lugar número 25 que obtuvo en la última edición de la prueba PISA la deja bastante mal parada frente al primer lugar de Finlandia, el puesto número 9 de Holanda, al 13 de Alemania o al 14 del Reino Unido.

Un último punto que merece reflexión es el siguiente. El diario Le Monde es un bastión intelectual de la izquierda francesa. Eso no le impide, sin embargo, publicar un artículo como el citado. Pese a sus fuertes vínculos con los sindicatos, la izquierda francesa analiza la manera en que está funcionando el sistema educativo, lo critica duramente y exige cambios.

En Uruguay tenemos casi el mismo sistema y frecuentemente los mismos problemas, pero las fuerzas políticas de izquierda son las menos inclinadas a aceptar críticas y a considerar una reorganización del sistema. La izquierda uruguaya pide dinero y cogobierno para la enseñanza, pero lo hace dentro de una lógica de "más de lo mismo". Si la enseñanza anda mal, la culpa es de la pobreza, de la globalización o del neoliberalismo. La crítica (que debe ser necesariamente autocrítica), está fuera del menú.

Mientras tanto, el funcionamiento de nuestra enseñanza atenta día a día contra toda idea razonable de justicia.