miércoles, 10 de abril de 2013

El cinismo en la POLÍTICA

Domingo, 24 de Marzo de 2013 11:22 
 
Jorge Bonica Noticias

El cinismo en la POLÍTICA


PRACTICADA POR LOS POLÍTICOS


Cuando hablamos de cinismo en la política nos estamos refiriendo al descaro en lo que se hace, se dice o se deja de hacer en la vida política, es decir, estamos hablando de deshonestidad, de la falta de una ética mínima en el proceder político de nuestros políticos, que ya parte del propio lenguaje confuso, que en general, usan.

La democracia hoy, poco y nada tiene que ver en su concepto original de demos”, que significa “pueblo”.

Lamentablemente, tanto la democracia como la política, hoy, están determinadas por fines económicos, donde priman los números, es decir los negocios, y no los valores humanos.
El hombre ha pasado a ser un número, en manos de nuestros políticos, porque la ideología y los principios no cuentan.


La POLÍTICA ya no es concebida como servicio, sino como negocio, en beneficio de unos pocos y en desmedro de la mayoría.

Dejó de ser el “arte de gobernar” para pasar a ser el “arte de lo posible” y bajo lo posible se da prioridad a lo urgente, tratando de convencer a la gente que es LO IMPORTANTE, como ser: la necesidad para que vengan las inversiones extranjeras, que prácticamente no tributan o lo que tributan es muy poco; la extranjerización de nuestras tierras para los agro-negocios, el fomento del monocultivo de la soja, la forestación indiscriminada, las pasteras; la minería a cielo abierto, como fuentes de trabajo; el puerto de aguas profundas; las zonas francas, sin importar si se pierde la soberanía nacional.

Y ahora una mancha más para el tigre y así poder justificar la venta de nuestras tierras en manos de extranjeros, el Presidente pide a los ministros de Trabajo, Interior y Relaciones Exteriores, que presenten propuestas para “facilitar” la radicación en el país de empresarios y empleados rurales, en perjuicio de nuestros productores, como si aquellos fueran mejores que los nuestros.
También se priorizan las Asociaciones Público Privadas y todo en nombre del progreso, donde el Estado entrega su poder de decisiones.

Lo demuestran los casos recientes como AFE, PLUNA.


Y no olvidemos el pago de la deuda externa, que no beneficia a nadie salvo a los banqueros, sacrificando lo social y el acto electoral también pasan a ser “urgente”.

Se afanan en la búsqueda de votos para perpetuarse en el poder y mantener sus prebendas y privilegios.

Y lo importante se posterga para siempre: la defensa de un Uruguay Natural en serio, el equilibrio ambiental, la industria nacional, el pequeño productor, la tierra para el que la trabaja, la educación, la salud, la vivienda, el retiro jubilatorio decente, el trabajo digno (tema tratado en Posta 899).

En este sistema político no se concibe a la política como un COMPROMISO ÉTICO con la sociedad.
Se han trastocado todos los valores por aquello de “los negocios nada tienen que ver con la ideología” (Tabaré Vázquez), que tira por tierra lo mejor de la política en una vida democrática:
EL SERVICIO.


Por eso apuntamos a OTRA POLÍTICA EN OTRA DEMOCRACIA, que la ciudadanía tendrá que reinventar. Lo que será posible con una nueva conciencia cívica.

Somos conscientes y no ignoramos que la política es un medio y no un fin en sí misma. De ahí que habrá que recrearla permanentemente, para que esté al servicio del bien común, y nunca supeditada por intereses particulares, así se llamen Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, Organización Mundial de Comercio.

A tal punto llega el cinismo que los propios partidos políticos están atados de manos y pies a estos poderes y no lo confiesan, pero lo practican.

La tarea de todo político, usted lo sabe como yo, sea Presidente, sea diputado, sea senador, sea integrante en la dirección de un organismo del Estado, sea intendente, es bregar por el bienestar de una sociedad sin excluidos ni marginados, con trabajo, con educación, con salud, con vivienda, con jubilaciones dignas, en una palabra con necesidades básicas satisfechas.

Lo demás es cuento, que se lleva el viento.

A usted como a mí nos gustaría ver a esos señores políticos, que ocupan cargos y que se denominan “representantes” dedicados a defender nuestros derechos y no ensuciarse las manos en la defensa de sus propios intereses y de algunos privilegios, adoptando cínicas actitudes políticas, justificando sus decisiones y procederes antidemocráticos, lindantes con la inmoralidad, éticamente reprobables y que exceden los límites de toda política.

El cinismo también lo podemos comprobar con “el pensamiento único” en decisiones que no son en beneficio de la sociedad; en discusiones donde se defienden sólo los intereses partidarios; en acuerdos fáciles y engañosos que se esconden detrás de “izquierdas y derechas”; en el manejo interesado de los datos; en el reparto de cargos, de los que abundan y a pesar de la pésima gestión, permanecen impunes en sus cargos, dando razón a Maquiavelo: “el fin justifica los medios”, que de ninguna manera debemos ser defensores de esa concepción maquiavélica.

¿Quiere algo más, amigo lector?

 

Los tiempos cambian, dicen cínicamente los políticos y con ese dicho justifican sus mentiras, sus traiciones a los orígenes y concepciones filosóficas de sus propios partidos y a sus promesas electorales, que nunca se cumplen y que apenas si son idealidades partidarias.

Los tiempos cambian, sí, pero tratan de olvidar que los valores permanecen inmutables y no tendrán que olvidarlos si no quieren terminar siendo el escarnio de la sociedad.

Algo ya se está manifestando en nuestra gente, que no quiere saber nada con este tipo de política ni de políticos de los que hoy tenemos en una democracia impuesta, que anula a la gente.


El voto anulado, el voto en blanco y la abstención del voto están rondando en el ambiente político y les está carcomiendo el cerebro.

¿Pensó acaso el golpe que sería, en esta primera instancia, contar con 500.000 votos, que se nieguen a los partidos?

A cualquier hombre sensato lo haría pensar, más allá de los comentarios que al respecto se puedan tejer, más allá de quien los haga, de lo que se diga y de los medios que puedan arteramente usar.
Votos que no van a algunos partidos chicos, que les gustaría hacerse de ellos para obtener alguna banca, porque siguen convencidos que a partir de su presencia en las bancas se podría revertir el sistema y los respetamos como respetamos toda opción, pero lo que importa hoy es demostrar que no queremos saber más nada con este sistema perverso y corrupto. 

Pero sigamos con el cinismo de nuestros políticos.

Se miente descaradamente haciendo de los números un instrumento de mentira, cuando se maquillan los datos de la inflación, que fue de un 7.48%, cuando la canasta básica está en los $ 43.000; cuando se dice que desapareció la marginalidad, que bajó la pobreza, y un estudio reciente de la socióloga Carmen Miraglia afirma que, si se toma el nivel de ingresos, 460.000 personas están bajo el nivel de pobreza y otros 370.000 uruguayos son carenciados con niveles precarios de empleo, de educación, de vivienda, que los hace vulnerables y que en cualquier momento pueden llegar a integrar el grupo de los que están debajo del nivel de pobreza.

Se miente cínicamente cuando se dice que el dólar flota libremente, que su precio lo determina el mercado mediante la oferta y la demanda, cuando la política de este gobierno es la sobrevaluación de nuestro peso en detrimento de la industria nacional, que no puede salir a competir en los mercados y de las fuentes de trabajo alentando la entrada de capitales y la inversión extranjera, otorgando exoneraciones impositivas y subsidios indirectos (ver Dardo Arigón Bacchini, EL DÓLAR Y LA SILENCIOSA INVASIÓN DEL IMPERIO, Tupí Nambá, p.53).

Se miente cuando se aparenta que se encamina hacia un cambio, que no existe con el fin último, dejando el sistema intacto; cuando se habla de salida del capitalismo y a su vez se habla de un capitalismo bueno; cuando se habla de eliminar la impunidad, pero se la tolera.

Se miente cuando se dice que se necesita un gobierno para poder cambiar las cosas.
A las pruebas nos remitimos.


En los años de gobierno del FA, solo vimos continuismo de una política económica en favor de unos pocos.

Mientras se representa al mercado y al capital, y no a la gente, se miente porque no se representa a nadie, aunque se invoquen como representantes del pueblo. Mientras el art. 53 de la Constitución protege el trabajo, se permite el despido libre.

Los Consejos de Salarios perdieron su razón de ser pues los aumentos están topeados por el gobierno.
De nada sirven los llamados a Sala y los cuestionamientos de la población, cuando cínicamente se dice que no se renuncia sino a pedido expreso del Presidente.

Y una última, para no cansarlo: afuera en los encuentros latinoamericanos se habla de hasta de socialismo, pero en casa se practica a raja tabla los principios del neoliberalismo.

Se habla de austeridad, y el gobierno mantiene edificios y casas costosísimos, como el de plaza Independencia, el de Reyes y el de Anchorena?


¿Para qué? Estas dos últimas para sus festicholas?

 

Y qué decir de los gastos de ANTEL, de UTE… Y qué decir de los intríngulis de nuestros políticos (Punto a Punto nº 67). ¡Por favor, basta ya de cinismos!

Se trata sólo de algunas cosas que nos hablan del cinismo de nuestros políticos.

Siga usted con la lista. Apenas si abrí el debate.

Si queremos una POLÍTICA de verdad, democrática, que está a construirse todavía, para que sea la gente quien decida y no los políticos, debemos luchar contra este estilo de corrupción de “como te digo una cosa, te digo la otra”, que se ha impuesto en nuestro medio, porque en esta política se profesa hoy, el vale todo.

Sería bueno entonces, que la política como acción de los políticos, se reencuentre con sus auténticas raíces, es decir con la gente, de donde debe partir toda política, de lo contrario no es POLÍTICA, sino politiquería y de las baratas.

No nos llamemos a engaño porque el cinismo en la élite política ha llegado a tal punto de invocar al pueblo como “soberano”, cuando en la práctica su voluntad no es escuchada y sus decisiones son desechadas (Botnia, Montes de Oca, Aratirí, Puerto de aguas profundas, el plebiscito del agua) y se lo convoca a Plebiscito cuando entre ellos no hay acuerdos y cuando una mayoría se impone sobre la minoría, casos recientes, la baja de edad de imputabilidad a los menores y la ley del aborto.

No olvidemos, además, lo que se está haciendo con nuestro Prócer, que se lo usa para pasearlo de un lado para otro, pero sus consignas se archivan.

Terminemos con esta farsa de “como digo una cosa, te digo la otra”, “te prometí una cosa, luego hago otra”; “te miento, total todo vale en esta política de negocios”

Esto sólo será posible, aunque haya quien no lo crea, CAMBIANDO ESTA CONSTITUCIÓN BURGUESA, (perdón mi testarudez e insistencia), hecha por nuestros políticos y a medida de ellos, por una NUEVA, en la que el poder esté en las manos de nuestra gente y no en manos de nuestros políticos, y de esta manera terminar con este sistema perverso y corrupto.

Recordemos que los cambios no se imponen, se inducen y para ello será necesario ayudar a recapacitar a nuestra gente que está adormecida, fruto de un trabajo intencional de la dictadura y luego continuada por los gobiernos democráticos sucesivos, que se encargaron de terminar con el fermento inicial de movilizaciones, encorsetando a unos en sus partidos y repartiendo cargos a otros, caso típico a sindicalistas y militantes, que otrora eran enemigos acérrimos de lo que hoy se aprueba y se defiende, en esta política neoliberal capitalista.

Apoyemos sí, las iniciativas que están rebrotando, por aquí por allá y por acullá en la defensa del agua, de la tierra y de la vida, porque por ahí pasa una NUEVA VIDA POLÍTICA.

No se trata de lamentarse detrás de los muros, sino de dar una respuesta a cada hecho.