lunes, 20 de mayo de 2013

La maldita inseguridad


En el Uruguay de hoy, tres problemas se encuentran al tope de las preocupaciones. Uno es el de la inseguridad, que ha rebrotado y que es más profundo y de avance más estructural. Los otros son el de la educación y el de la salud, que en el estado en que se encuentran ahora, ni con dinero se pueden actualizar y menos solucionar.
En los últimos años, la inseguridad ha avanzado como una mancha cancerosa sin detenerse. Tiene épocas de "altas y bajas" en cuanto a su repercusión, pero jamás ha retrocedido.
El Estado termina cediendo una de sus facultades a empresas privadas y la estrategia de la protección del derecho a la vida y la seguridad a la propia población, pues si se espera por el Estado, la seguridad "de todos" queda confinada a los sectores más peligrosos.
El Gobierno hace tres años que viene anunciando que está estudiando medidas para combatir la delincuencia, la droga y la inseguridad, o sea que hace tres años que vienen “chamuyando”  (al decir del señor Presidente) sobre el tema, pero en términos ejecutivos, no se ha visto nada, más bien hemos visto y vivido el deterioro del sistema.
Los uruguayos somos “inadaptados” en nuestro propio País, pues no nos adaptamos a vivir con temores, desconfiando del que se para al lado, nerviosos cuando vamos a pagar una cuenta o a comprar algo por temor a que asalten el local, etc.
Mientras el ministro Bonomi sigue señalando a la oposición por una uspuesta conspiración contra él y sigue desmantelando la policía, nuevamente comunica que están preparando el “show” de presentación de las nuevas (¿nuevas?) medidas para combatir la inseguridad, mientras tanto seguimos contando los muertos y las rapiñas.
Esto nos representa la imagen de los bomberos, sentados frente a una fábrica incendiándose, estudiando las causas que motivaron el incendio, mientras el fuego destruye la fábrica.
Lo mismo hace el Gobierno, que ha convertido el 710 de la Pza. Independencia en un "centro de meditación" y hace tres años que viene estudiando las causas de la inseguridad, mientras la ciudad es propiedad de los delincuentes y los uruguayos somos asesinados sin piedad y lo peor es que los crímenes, asaltos, abusos y maltratos, son mucho más frecuentes en las clases más castigadas de la población.
Hoy se discute si se puede allanar en la noche una boca de venta de droga, si el menor debe ser más o menos castigado,  si los presos deben ser tratados y protegidos con mayores medidas humanitarias que la población que con sus impuestos los alimentan y los cobijan.
Y es así, que mientras ellos vuelven a recomponer a las Fuerzas Conjuntas (Policía y Fuerzas Armadas) que ellos tanto combatieron en su época de terroristas, para solucionar el caos de las cárceles y la inseguridad, se debe actuar de inmediato contra las bocas de venta de drogas, sancionando con medidas que salgan del Estado e inhabiliten ese comercio (no vivienda), medidas que se deben coordinar con los Entes quienes les deben cortar de inmediato todos los servicios que ellos presten, para ser más claro, comprobada la existencia de una boca de venta, se le debe cortar de inmediato la luz (UTE), el agua (OSE), el gas , etc., castigando a los que luego de efectuado los cortes se “cuelguen” de los servicios.
Igual sistema se debe aplicar en los hogares de los padres de los menores infractores y a los cuales no hay manera de sancionar, seguramente al sentirse afectados no serán tan condescendientes con sus hijos infractores.
Señor Presidente ponga en funcionamiento estas sencillas pero efectivas medidas y verá como algo puede empezar a cambiar y no siga culpando a la prensa por difundir noticias policiales… la Ley Mordaza comienza siempre por una punta.
De algo puede estar seguro Señor Presidente, el viejo Uruguay de la clase media poderosa, del país "europeo" que se creía distinto de la América Latina profunda, ha quedado definitivamente atrás.      
Jorge AZAR-GÓMEZ
Ex representante de Uruguay ante O.N.U.

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