sábado, 4 de mayo de 2013

Pascasio Báez Mena, el trabajador rural


El próximo-pasado 30 de abril, el Presidente de la República se trasladó a Caraguatá, para celebrar y homenajear a los "trabajadores rurales" en su día.

El jefe de estado uruguayo -como siempre- habló, habló y continuó hablando. Fiel a su estilo chavista, entre asado y vino, sin saber mayormente de lo que hablaba. Durante ocho horas, defendió a los peones rurales, sus necesidades de alimentación, su descanso, etcétera. En definitiva, defendió lo que todos defendemos, esto es, la calidad de vida que merece cualquier ser humano.

En su maratonica retórica, José Mujica se arrogó ser el primer presidente en la historia del Uruguay que asistía a celebrar el día del trabajador rural, pero olvidó que ese día -el de los trabajadores del campo- debió haber recordado al "Mandela" de los peones rurales. El presidente obvió mencionar a Pascasio Báez, y pedir perdón por su asesinato. Lo correcto hubiera sido que recordara que él también es el primer jefe de estado que ha sido cómplice, desde su propio pasado, del homicidio de un humilde "peón rural".

Restos de Pascasio Báez 

Antes de que otros intenten poner arriba de los libros falsas historias -como se han ocupado de hacerlo hasta el día de la fecha, mostrándose como supuestas "almas buenas"-, es menester recordar a Báez.

Pascasio Báez era -como ya se dijo- un peón rural. Tenía 46 años, era casado y tenía hijos, y siempre había residido en el campo, preferentemente por la zona de Pan de Azúcar. Votaba a los Blancos, pero jamás había militado en política. Se ganaba la vida con changas: éstas arribaban en la forma de trabajos en la construcción, confeccionando alambrados, o lo que 'saliera'. Ese día en particular, había salido a buscar el caballo perdido de un vecino. Esto sucedió a fines de diciembre del año 1971. Existía democracia; había parlamento... pero también habían Tupamaros.

En su búsqueda, Báez llegó hasta la cabaña "Espartaco", localizada en la Ruta 9, a unos diez kilómetros de Pan de Azúcar; se topó con un hombre que salía de una tatucera. Aquella era la "Caraguatá", quizás, la más importante del MLN, a los efectos de extender su radio de operaciones hacia el interior del país. Pascasio Báez fue detenido, y su destino final comenzó a jugarse. Esas instalaciones valían mucho para los guerrilleros Tupas, y las alternativas que se manejaron fueron tres: detenerlo indefinidamente, llevarlo al exterior, o ejecutarlo.

La decisión fue darle muerte. A fines del '71, la dirección del MLN estaba integrada por Mauricio Rosencof, Henry Engler, Wasem Alaniz, Donato Marrero y Píriz Budes. El ejecutor, Ismael Bassini, fue quien le dio la inyección letal de pentotal a Báez Mena.

Dejarlo suelto los hubiera forzado a abandonar la tatucera y perder su costo; abandonar Espartaco y todo lo hecho allí. Se arriesgaban la suerte y el destino de muchos "compañeros".

Así encontró la muerte Pascasio Báez. Asesinado -con premeditación y alevosía- bajo el justo manto del eufemismo "ejecutado", por el grave delito de toparse con un señor terrorista que salía de una tatucera en medio del campo... para mayor gloria de los santos Tupamaros.

Porque el valor de una tatucera era superior a la vida de un humilde peón rural.

Visto el olvido del Presidente Mujica y su entorno, sería oportuno que la oposición recordara y rinda homenaje a Pascasio Baez en el Parlamento, y proponga que el dia del "Trabajador Rural" sea denominado, desde hoy, "Pascasio Báez".

Quizás, este accionar de la oposición política sirva al noble objetivo de refrescar la memoria y la consciencia del Presidente José Mujica...

                                                                      

Jorge Azar-Gómez
Ex representante de Uruguay ante ONU